ARZOBISPADO ORTODOXO DE ESPAÑA Y PORTUGAL

Emblema del Patriarcado EcuménicoCuadro de texto:  Mensajes / Encíclicas Patriarcales 
 
Cuadro de texto: Mensaje de Su Santidad, el Patriarca Ecuménico, Bartolomé,
en el Día de la Protección del  Medio Ambiente (01/09/2009)

+ B A R T O L O M É 
POR LA GRACIA DE DIOS ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA,
NUEVA ROMA Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA
GRACIA Y PAZ DEL CREADOR DEL UNIVERSO ENTERO
NUESTRO SEÑOR, DIOS Y SALVADOR JESUCRISTO
 
	Queridos hermanos e hijos en el Señor:  
	Al llegar, una vez más, al comienzo del nuevo año eclesiástico, meditamos en el estado de la creación de Dios.
Pensamos en el pasado y nos arrepentimos por todo lo que hemos hecho o dejado de hacer por el bienestar de la tierra; miramos hacia el futuro y pedimos sabiduría para guiar nuestros pensamientos y acciones.
	Estos últimos doce meses han sido un tiempo de gran incertidumbre para el mundo entero. Los sistemas financieros en los cuales tantas personas confiaban para traer las cosas buenas de la vida, han traído, en cambio, miedo, incertidumbre y pobreza. Nuestra economía globalizada ha significado que todos, incluso los más pobres, quienes están muy alejados de los grandes negocios, han sido afectados.
	La presente crisis nos ofrece una oportunidad para tratar los problemas de una manera diferente, ya que los métodos que crearon esos problemas no pueden proporcionar la mejor solución. Necesitamos aportar amor en nuestros negocios, el amor que inspira coraje y compasión. El progreso humano no es solamente la acumulación de riqueza y el consumo irresponsable de los recursos de la tierra. La manera de abordar la presente crisis ha revelado los valores de los pocos que están moldeando el destino de nuestra sociedad; de los que pueden encontrar enormes sumas de dinero para apoyar el sistema financiero que les ha engañado, pero no están dispuestos a asignar la más mínima porción de ese dinero para remediar el estado lastimoso al que se ha reducido la creación a causa de estos mismos valores, o para alimentar a los hambrientos del mundo, o para procurarles agua potable a los sedientos, los cuales también son víctimas de estos valores. En el rostro de cada niño hambriento hay escrita una pregunta, y nosotros no debemos dar la espalda para evitar la respuesta. ¿Por qué ha sucedido esto? ¿Es un problema de la incapacidad humana o de la voluntad humana?
	Hemos hecho el Mercado el centro de nuestro interés, nuestras actividades y, por último, de nuestra vida, olvidando que esta elección afectará las vidas de las futuras generaciones, limitando el número de sus opciones que probablemente estarían más orientadas tanto hacia el bienestar del hombre como hacia la creación. Nuestra economía humana, que nos ha hecho consumidores, falla. La economía divina, que nos ha hecho a imagen del Creador bondadoso, nos invita a amar y cuidar a toda la creación. La imagen que tenemos de nosotros mismos está reflejada en la manera en que tratamos la creación. Si creemos que no somos más que consumidores, entonces buscaremos satisfacción consumiendo la tierra entera; sin embargo, si creemos que hemos sido creados a imagen de Dios, actuaremos con cuidado y compasión, intentando llegar a ser eso por lo que hemos sido creados.
	Pidamos la bendición de Dios sobre la Conferencia de Cambio Climático de Naciones Unidas en Copenhague en diciembre, para que los países industrializados puedan cooperar con los países en vías de desarrollo por reducir las emisiones contaminantes dañinas, para que pueda existir la voluntad de recaudar y administrar sabiamente los fondos necesarios para las medidas precisas, y que todos puedan trabajar juntos a fin de que nuestros hijos disfruten  de los bienes de la tierra que nosotros les dejemos en herencia. Debe haber justicia y amor en todos los aspectos de actividad económica; las ganancias – especialmente las ganancias a corto plazo – no pueden ni deben ser el único motivo de nuestras acciones.
	Renovemos nuestro compromiso de trabajar juntos para lograr los cambios que anhelamos, rechazar todo lo dañino para la creación, cambiar nuestra forma de pensar a fin de cambiar drásticamente nuestro modo de vivir.

	1 de septiembre de 2009
	Vuestro ferviente suplicante ante Dios
	+BARTOLOMÉ
	Arzobispo de Constantinopla, Nueva Roma y Patriarca Ecuménico


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MENSAJE DE NAVIDAD 2009  
No. de Protocolo 1237
+BARTOLOMÉ
POR LA MISERICORDIA DE DIOS ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA 
LA GRACIA, LA PAZ Y LA MISERICORDIA DE CRISTO SALVADOR NACIDO EN BELEN

Hermanos concelebrantes, hijos e hijas benditos en el Señor:

“El cielo y la tierra se han unido por el nacimiento de Cristo. Hoy ha descendido Dios a la tierra y el hombre ha ascendido a los cielos.”
(Himno navideño)
La distancia y la separación entre Dios y la humanidad, como consecuencia del pecado del hombre, han sido anuladas a través de la asunción de la naturaleza humana íntegra por parte del Hijo Unigénito y Verbo Eterno de Dios. Fue la “complacencia” de Dios, es decir Su iniciativa y voluntad, que la encarnación de Su Hijo anulase cualquier distancia, uniendo el cielo con la tierra, así como la creación con su Creador.
“Hoy es el comienzo de la complacencia de Dios y la proclamación de la salvación de los hombres”, cantaba la Iglesia durante la Fiesta de la Presentación de la Madre de Dios. Durante esta festividad, a través de la dedicación de María Santísima al templo y su preparación para llegar a ser la portadora del Dios infinito, se preparó la senda de la Providencia encarnada de Dios, que proclamaría nuestra salvación.
“Hoy es el comienzo de nuestra salvación y la revelación del misterio oculto por los siglos, pues el Hijo de Dios se hace Hijo de la Virgen”, cantaba todavía la Iglesia durante la Fiesta de la Anunciación. Entonces, cuando se produjo por obra del Espíritu Santo la concepción sin semilla del Inconcebible en las santas entrañas de la Madre de Dios y comenzó a “coexistir” la naturaleza humana con la divina y Dios se hizo hombre, “a fin de que nosotros nos deifiquemos”, de acuerdo con la frase de San Atanasio. La “complacencia”, pues, que fue celebrada durante la Fiesta de la Presentación, y la “salvación”, que fue capitalizada y revelada durante la Anunciación, hoy, en el gran y santo día de la Navidad, se hace una realidad palpable. Hoy “el Verbo se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros” y los ángeles han festejado el suceso cantando: “Gloria a Dios en las alturas, en la tierra paz y entre los hombres buena voluntad”.
Con la encarnación del Verbo Divino, la salvación del género humano ya se ha realizado en potencia. Pues, aquellos que creyendo en Jesucristo viven una vida de acuerdo con esa fe, de acuerdo con sus mandamientos y a toda Su enseñanza, se elevan con esta vida querida por Dios y se constituyen en amigos y participantes de Dios. Se hacen “participantes de la divina naturaleza”, dioses por la gracia. Esto se realiza especialmente dentro de la Iglesia, donde el hombre se regenera en Cristo y es adoptado por el Padre y a continuación, a través de los sacramentos y del ejercicio de la virtud, es llenado de la divina gracia y el Espíritu Santo y así crece convirtiéndose en “hombre perfecto, medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, hasta que llega a decir con el Apóstol Pablo: “Ya no vivo yo, Cristo vive en mí”. A aquellos que así se han perfeccionado, Cristo no solamente los considera simplemente sus amigos o hermanos, sino que los reconoce como miembros de su cuerpo. Es por ello que decía desde las alturas de la cruz a su Santísima Madre sobre el Evangelista Juán: “Mujer, he aquí a tu hijo”, y a Juan “he aquí a tu Madre”. Las Navidades, pues, abren ampliamente la puerta de la cristificación y la deificación del hombre por la gracia, y por ello exactamente “festeja la celebración en alegría toda la creación y los cielos conjuntamente con nosotros se regocijan” durante este día noble y salvador.
Con estos hechos palpables, alegres y esperanzadores, dirigimos, desde la santa Sede del Augusto Patriarcado Ecuménico en el Fanar, cálidos deseos festivos y afectuosas bendiciones patriarcales en la ocasión de esta fiesta señalada hacia todos los queridos y amados hijos de la Santísima Madre Iglesia, a los clérigos de todos los rangos, monjes y laicos, autoridades y ciudadanos, grandes y pequeños y especialmente a todos los que sufren y se encuentran en aflicción, necesidad y tribulación. Quiera el que nació en una cueva y se reclinó en un pesebre, el eterno Hijo de Dios y para nosotros Hijo del Hombre, seamos todos nosotros dignos de su amor infinito y de su santa y venerable Providencia encarnada.

Fanar, Navidad del 2009

+BARTOLOMÉ DE CONSTANTINOPLA
         Ferviente suplicante ante el Señor de todos vosotros.   

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Протокол № 1237
ВАРФОЛОМЕЙ
МИЛОСТИЮ БОЖИЕЙ АРХИЕПИСКОП КОНСТАНТИНОПОЛЬСКИЙ-НОВОГО РИМА И ВСЕЛЕНСКИЙ ПАТРИАРХ
ВСЕЙ ПОЛНОТЕ ЦЕРКВИ
БЛАГОДАТЬ, МИР И МИЛОСТЬ РОДИВШЕГОСЯ В ВИФЛЕЕМЕ СПАСА НАШЕГО ИИСУСА

«Небо и земля днесь совокупишася, рождшуся Христу. Днесь Бог на землю прииде, и человек на Небеса взыде!» (на Литии Рождества Христова)
Расстояние и пропасть, которые образовались между Богом и человечеством в результате греха, были ликвидированы с принятием полноты человеческой природы Единородным Сыном и Предвечным Словом Божиим. Воплощение Его Сына, которое произошло по Божиему «благоволению», т.е. по Его воле, разрушает всякое расстояние, соединяет небо с землёй, а также создание с Творцом!
«Днесь благоволения Божия предображение и человеков спасения проповедание», пела Церковь на празднике Введения во Храм Богородицы. Этот праздник, через посвящение благословенной Марии храму и её подготовки к тому, чтобы Она стала носителем Предбезначального Бога, открывает дорогу для Воплощенного Домостроительства Божиего, который предвещает наше спасение.
«Днесь спасения нашего главизна и еже от века таинства явление: Сын Божий Сын Девы бывает», снова пела Церковь на празднике Благовещения, когда Святым Духом был непорочно зачат Непостижимый в святом утробе Богородицы и божественная природа начала сосуществовать в человеческой, чтобы, как говорил Святитель Афанасий Великий, «мы обожествились». Таким образом, «благоволение», которое приветствовали в Введении во Храм и спасение, которое началось и открылось в Благовещении, в этот великий и святой день Рождества стали осязаемой реальностью! Сегодня «Слово стало плотию, и обитало с нами» (Иоанн 1, 14) и Ангелы прославляли событие песнопением «слава в вышних Богу, и на земле мир, в человеках благоволение!» (Лука 2, 14). 
С Воплощением Слова спасение человечества фактически совершилось. Потому что те, кто, поверив в Иисуса, впредь будут жить согласно с этой верой, согласно с заповедями и учением Иисуса, своей богоугодной жизнью возвышаются и становятся друзьями и участниками Бога! Они становятся «причастниками Божеского естества» (Второе Послание Петра 1, 4), богами по благодати! Это происходит исключительно в Церкви, в которой человек снова рождается во Христе и усыновляется Отцом через святое Крещение, а затем, через святые Таинства и через развития целомудрия, исполняется божественной благодатью и Святым Духом и дорастает до «мужа совершенного, в меру полного возраста Христова» (Ефесянам 4, 13), пока не достигнет того уровня, когда можно будет сказать вместе с Апостолом Павлом: «уже не я живу, но живет во мне Христос» (Галатам 2, 20). Тех, кто достигает такой совершенности Христос не считает просто Своими друзьями или братьями, но признаёт их как членами Своего Тела. Поэтому и с высоты Креста он говорил Своей Пресвятой Матери про евангелиста Иоанна: «Жено! се, сын Твой» (Иоанн 19, 26-27). Итак, Рождество Христово открывает широко двери охристовления и обожествления человека по благодати и именно поэтому в этот знаменательный и спасительный день «всякая тварь в радости празднует, и небеса с нами радуются» (Хвалитные стихири на 28 октября)!
С этими радостными и обнадёживающими фактами в наших руках, мы направляем с престола святейшего Вселенского Патриархата на Фанаре, тёплые праздничные поздравления и сердечные Патриаршие благословения с этим «главным праздником» всем возлюбленным чадам святейшей Церкви – Матери, клирикам всех степеней, монашествующим и мирянам, начальникам и начальствующим, малым и великим, особенно же тем, кто находится в печали, в нужде и испытаниях. Да сподобит всех нас Тот, кто родился в вертепе и положенный в ясли предвечный Сын Божий и ради нас Сын Людской, стать достойными Его самоистощаемой любви и Его святого и поклоняемого во плоти домостроительства.
Фанар, Рождество Христово 2009 
†Патриарх Константинопольский Варфоломей
Пламенный о всех вас молитвенник к Богу


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Прот. Но. 1237
Варфоломій,
Милістю Божою Архієпископ Константинополя – Нового Рима, Вселенський Патріарх,
Усій повноті Церкви
Благодать, мир і милість від Христа Спасителя,  що народився у Віфлеємі.

Браття сослужителі та благословенні чада у Господі,
Небо і земля сьогодні з’єднались через народження Христа.
Сьогодні Бог на землю прийшов, і людина до небес підноситься.
(Самогласна стихира на літії Різдва Христового)
Відстань і розділення між Богом і людством, наслідок гріха, були відмінені прийняттям у повноті людської природи Єдинородним Сином і Предвічним Словом Божим. Таке було Боже благовоління, тобто Його ініціатива та бажання, щоб втіленням Його Сина була знищена ця відстань через єднання неба і землі, а також творіння з Творцем.
«Сьогодні благовоління Божого провіщення і спасіння людей проповідання», співала Церква в день свята Введення Богородиці, в якому, через посвячення блаженної Марії храму і її підготовки в ньому стати носителем безмежного Бога, шлях був підготовлений для втіленого домостроїтельства Бога і наше спасіння було передвіщене.
«Сьогодні спасіння нашого початок і від віку таїнства явлення: Син Божий стає сином Діви», знову співала Церква в день свята Благовіщення, коли здійснилося Духом Святим безсіменне зачаття Незачатого у святій утробі Богородиці, коли почалася сплітатися Божественна природа з людською, і коли Бог став людиною «щоб ми стали божественними», згідно вислову Великого Афанасія. «Благовоління», яке привітало Введення, і спасіння, яке «розпочалося» і явилося Благовіщенням, сьогодні, в цей великий і святий день Різдва Христового, здійснилися! Сьогодні «Слово сталося плоттю, і вселилося між нас» (Ін. 1,14), і Ангели святкують цю подію, співаючи: «Слава у вишніх Богові і на землі мир, в людях благовоління!» (Лк. 2,14).
Через втілення, вочоловічення Слова, спасіння людського роду має силу здійснитися. Ті, хто вірять в Ісуса, живуть життям згідним Його віри, згідним заповідей та вчення Ісуса в його цілості, уже піднесені до божественного життя і стають друзями та причасниками Бога! Стають «причасниками Божого єства» (2 Пет. 1,4), богами по благодаті! Це стається виключно в Церкві, де ми знову народжуємося у Христі і де ми усиновлені Отцем через святе хрещення і через святі таїнства, і через плекання чеснот, щоб сповнитися божественної благодаті і Духа Святого, зростаючи «в мужа досконалого, в міру повного віку Христового» (Єф. 4,13), поки ми досягнемо рівня, коли можна буде сказати, як Апостол Павло: «Вже не я живу, а живе в мені Христос» (Гал. 2,20). Ті, хто здобувають таку досконалість, вважаються Христом не лише Його друзями і братами, але й визнаються Ним членами Його Тіла. Тому, з висоти Хреста, Він сказав Своїй Пресвятій Матері про Євангеліста Іоанна: «Жено! Це – син твій!», та Іоаннові: «Це – мати твоя!» (Ін. 19,26-27). Тому, Різдво Христове широко відкриває двері охристоження і обоження людини по благодаті. Тому, в цей знаменний день спасіння, «всяка твар в радості проводить свято, і небеса з нами радуються».
З цими радісними та надійними дарами в руках, направляємо з престолу величного Вселенського Патріархату, улаштованого на Фанарі, теплі святочні поздоровлення та сердечні патріарші побажання з «головним святом» всім по всьому світі возлюбленим і бажаним чадам святійшої Матері Церкви, клірикам всіх ступенів, монашествуючим і мирянам, начальствуючим і начальствуваним, малим і великим, зокрема тим, хто знаходяться в печалі, в потребі та у випробуванні. Нехай Той, хто народився у вертепі і в яслах був положений, Предвічний Син Божий і ради нас Син Людський, сподобить нас зажди бути достойними кенотичної любові та святого та поклоняємого в Його плоті домостроїтельства.

Фанар, Різдво Христове 2009 р.

+Варфоломій Константинопольський,
Палкий перед Богом молитвеник за всіх Вас.

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DISCURSO CATEQUÉTICO
SOBRE EL INICIO DE LA SANTA Y GRAN CUARESMA
 
+BARTOLOMÉ
POR LA MISERICORDIA DE DIOS ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA, NUEVA ROMA Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA
 GRACIA  Y  PAZ DE NUESTRO SALVADOR Y SEÑOR JESUCRISTO, 
Y DE NOSOTROS, ORACIÓN, BENDICIÓN Y PERDÓN
 Hermanos e hijos amados en el Señor:
Desde mañana entramos en el periodo de la santa y gran Cuaresma. En las vísperas contemplativas del perdón que se cantarán esta misma tarde, escucharemos al sacro himnógrafo que nos insta: “aferrémonos alegremente al tiempo del ayuno, disponiéndonos para las luchas espirituales” listos para recibir la santa pasión y la gloriosa resurrección de nuestro Señor.
Se pide, pues, una disposición alegre a fin de dedicarnos con éxito a las luchas espirituales del periodo de recogimiento, de la purificación y de la oración. El ayuno, la abstinencia, la frugalidad, la limitación de los deseos, la plegaria intensa, la confesión, y los demás elementos que caracterizan el periodo de la gran cuaresma, en ninguna circunstancia deben ser tomados como meras obligaciones, pesadas e insoportables, o como actos obligatorios que producen malestar y ofuscación. Los médicos cuando prescriben dieta o gimnasia u otros ejercicios necesarios para la buena salud y bienestar psicosomáticos, lo primero que piden, como condición fundamental para el éxito del tratamiento, son la buena predisposición psicológica del interesado, la sonrisa, y un pensamiento positivo y lleno de esperanza. Lo mismo sucede en el santo periodo del ayuno que se nos presenta. Debemos ver la gran cuaresma como un valioso don divino, como la gran hora de la gracia de Dios que nos aleja de las cosas materiales, terrenales y que exhalan muerte, y que al mismo tiempo nos eleva aún más alto, a la esfera del Espíritu llena de vida y salud; como la gran oportunidad que se nos es dada para que desintoxiquemos nuestra alma de toda pasión y para que liberemos el cuerpo de lo que es innecesario, destructivo y mortal, y, por fin, como una gran alegría y regocijo, como una  verdadera fiesta y júbilo.  
Sin embargo, mis queridos hermanos e hijos, el ayuno que la Iglesia pide de sus hijos, la abstinencia, la frugalidad, la limitación de los deseos y de los placeres constituyen literalmente una receta salvífica, especialmente en este año en el que ha estallado una crisis económica mundial, que plantea el peligro directo de quiebra no solamente a nivel particular y de negocios sino también a nivel país en todo el globo, con consecuente y tremendo resultado el aumento de la desocupación sin precedentes, la creación de ejércitos de nuevos pobres, la desesperación, el estampido de perturbaciones sociales, el aumento de la criminalidad y cosas aún peores que éstas. 
La santa y gran cuaresma nos enseña a que nos manejemos diariamente con menos cosas y sin el agravio de la exageración, del malgasto y de la ostentación; a que alejemos la vanidad, a que ignoremos las provocaciones de las propagandas que continuamente proyectan y crean nuevas y falsas necesidades, y que nos limitemos a las cosas que son absolutamente necesarias e imperiosas con una frugalidad voluntaria y digna. La santa y gran cuaresma asimismo nos enseña a no ser un rebaño consumista de personas imprudentes y descorazonadas, sino una sociedad de personas sensibles, sino una sociedad de personas sensibles y bondadosas, ayudando  a nuestro “prójimo”, que no tiene más que dificultades. Todavía, la gran y santa cuaresma nos enseña la paciencia y la firmeza en la mayor o menor privación, como así también la búsqueda de la misericordia de Dios con mucha confianza en su entrañable providencia. Así Cristo quiere la cuaresma. Así la vivieron todos los santos. Así lucharon su lucha nuestros devotos Padres. Así la ha entendido tradicionalmente nuestra fe. Así la proclama y la proyecta siempre, y especialmente en esta actual situación mundial tan dificultosa, la muy experimentada y siempre sobria Madre Iglesia de Constantinopla.
Habiendo expresado y proclamado estas reflexiones desde el Fanar, en el amor de Cristo y con gran sentimiento de responsabilidad deseamos paternalmente que el sacro periodo que adviene sea con toda bendición y buena producción espiritual. 

Santa y Gran Cuaresma 2010
+Bartolomé de Constantinopla,
ferviente intercesor ante Dios por todos vosotros. 

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Prot. Nº 213
Encíclica Patriarcal y Sinodal (21 de febrero de 2010)
BARTOLOMÉ
POR LA MISERICORDIA DE DIOS 
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA - NUEVA ROMA Y PATRIARCA ECUMENICO
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA 
GRACIA Y PAZ DE NUESTRO SEÑOR Y SALVADOR JESUCRISTO 
Y DE NOSOTROS ORACION, BENDICION Y PERDÓN

Nuestra Santísima Iglesia Ortodoxa festeja hoy su fiesta por antonomasia, y la Madre Iglesia de Constantinopla, desde el centro martírico e histórico, nuestro Patriarcado Ecuménico, dirige la bendición, la ternura y el amor a todos sus devotos hijos espirituales a ella fieles en todo el mundo. 
¡Sea el Nombre de Dios Bendito! Aquellos que intentaron hacer desaparecer la Iglesia a través de los siglos por medio de diversas persecuciones evidentes y no, aquellos que intentaron corromperla con sus enseñanzas heréticas, aquellos que  intentaron amordazarla y quitarle la voz y el testimonio en el mundo, todos ellos fracasaron. La nube de los mártires, las lágrimas de los bienaventurados y las plegarias de los santos la cubren espiritualmente y la protegen, mientras que el Paráclito, el Espíritu de la Verdad, la conduce a toda la Verdad. 
Con sentimiento de obligación y de responsabilidad, a pesar de los obstáculos y desaveniencias, el Patriarcado Ecuménico, como primera Iglesia de la Ortodoxía, se preocupa por la protección y la consolidación de la unidad de la Iglesia Ortodoxa, a fin de que en un solo corazón y una sola boca sea confesada la fe ortodoxa de nuestros padres en cada época y especialmente en nuestros días. Pues la Ortodoxia no es un tesoro de museo para que sea cuidado, sino aliento de vida que debe ser expandido para que reavive a los hombres. La Ortodoxía es siempre actual, basta que la proyectemos con humildad y la interpretemos teniendo en cuenta las necesidades y las problemáticas existenciales del hombre en cada época y en cada contexto cultural.
En orden a este objetivo la Ortodoxia debe encontrarse en continuo diálogo con el mundo. La Iglesia Ortodoxa no teme al diálogo, pues la misma Verdad no le teme. Contrariamente, si la Ortodoxia se cierra en sí misma y no dialoga con los que están fuera de ella, no solamente ha de fracasar en su misión, sino  que se convertirá de una Iglesia “católica” y “ecuménica” en un grupo introvertido y auto-complaciente, en un “gueto” al margen de la historia. Por esta razón también los grandes Padres de nuestra Iglesia nunca temieron el diálogo con el contexto espiritual de su época, hasta con los filósofos idólatras de sus tiempos, y con este modo influenciaron y reconfiguraron la cultura de su época y nos legaron una Iglesia verdaderamente ecuménica.
Este diálogo con el mundo es llamada a continuar hoy la Ortodoxia, a fin de que dé su testimonio y el aliento vivificador de su Fe. Este diálogo, sin embargo, no es posible que llegue al mundo de afuera sino pasa primero por los que llevan el nombre de cristianos. Debemos primero dialogar los cristianos entre nosotros y solucionar nuestras diferencias a fin de que sea creíble nuestro testimonio hacia el mundo. El esfuerzo por la unidad de los cristianos es voluntad y mandamiento del Señor, el cual antes de su pasión rezó a su Padre “a fin de que todos (sus discípulos) sean uno, a fin de que el mundo crea que Tú me enviaste” (Jn. 17, 21). No es posible que el Señor luche por la unidad de los cristianos y nosotros quedemos indiferentes. Esto constituiría una traición criminal y ruptura de su mandamiento.  
Exactamente por estas razones, el Patriarcado Ecuménico, con la opinión concordante y la participación de todas las iglesias ortodoxas locales, lleva a cabo desde hace varias décadas diálogos teológicos oficiales pan-ortodoxos con las iglesias y confesiones cristianas mayores. Objetivo de estos diálogos es la discusión, en espíritu de amor, de todas las cosas que nos separan a los cristianos, tanto en la fe como en la organización y vida de la Iglesia. 
Estos diálogos y cada intento de relaciones pacíficas y fraternales de la Iglesia Ortodoxa con otros cristianos desafortunadamente combaten hoy con un fanatismo intolerable para la tradición ortodoxa ciertos grupos que reclaman exclusivamente para sí mismos el título de celotes y defensores de la Ortodoxia, como si no fueran ortodoxos todos los Patriarcas y los Santos Sínodos de las iglesias ortodoxas, que unánimemente decidieron y mantienen estos diálogos. Los enemigos de cada intento de reconstituir la unidad entre los cristianos se elevan por encima de los Sínodos Episcopales de la Iglesia con el peligro de crear cismas dentro de la Ortodoxia. 
En esta su lucha, los que critican el intento de reconstitución de la unidad de los cristianos no distan aún en tergiversar la realidad engañando al pueblo fiel. De esta manera, callan el hecho de que los diálogos teológicos se llevan a cabo con la decisión unánime de todas las iglesias ortodoxas y así atacan solamente al Patriarcado Ecuménico. Propagan falsamente que es inminente la unión entre los ortodoxos y los católicos romanos, aún sabiendo que las diferencias que se discuten en el diálogo ecuménico entre ellos son todavía muchas, y que se necesitará mucho tiempo para la discusión; así también conocen que la unión es decidida solamente por los sínodos de las iglesias y no por comisiones de diálogo. Reclaman que el Papa ha de subyugar a los ortodoxos pues éstos dialogan con los católicos romanos. Juzgan a todos los que participan en los diálogos como “heréticos” y “traidores” de la Ortodoxia, simplemente porque dialogan con los heterodoxos, compartiendo con ellos la riqueza y la Verdad de nuestra Fe. Desacreditan cada esfuerzo de diálogo entre los cristianos separados y cada intento de reconstitución de su unión como “herejía del ecumenismo” sin dar ninguna prueba de que durante las relaciones con los no ortodoxos la Iglesia Ortodoxa haya dejado o haya negado los dogmas de los Concilios Ecuménicos y de los Padres de nuestra Iglesia. 
Hermanos e hijos amados en el Señor:
La Ortodoxia no tiene necesidad ni del fanatismo ni de la intolerancia para protegerse. Aquel que cree que la Ortodoxia tiene la Verdad no teme el diálogo, pues la Verdad nunca peligra por el diálogo. Contrariamente, cuando todos hoy se esfuerzan en solucionar las diferencias a través del diálogo, la Ortodoxia no puede dirigirse con intolerancia y fanatismo. Tened, pues, completa confianza en vuestra Madre Iglesia. Ésta se mantuvo incorruptible durante siglos y transmitió a otros pueblos la Ortodoxia. Ésta también hoy lucha en medio de condiciones adversas para mantener la Ortodoxia viva y respetable en todo el mundo. 
Desde este sacro centro de la Ortodoxia, desde el histórico Patriarcado Ecuménico, os saludamos fraternalmente y os bendecimos paternalmente a todos vosotros, hermanos e hijos en el Señor, deseando de que atraveséis con salud el santo periodo de contrición y ascetismo, que es la santa y gran Cuaresma y que seáis dignos, conjuntamente con todos los fieles y cristianos ortodoxos en todo el mundo, de adorar la santísima pasión y la gloriosa resurrección del Salvador Cristo.
Domingo de la Ortodoxia 2010

+El de Constantinopla
ferviente intercesor de todos vosotros
+ Constantino de Dercos
+Evangelos de Perga
+ Calínico de Lystra 
+Miguel de Austria
+ Alexios de Atlanta
+Iosif de Proikónison
+Demetrio de Sebasteia
+ Irineo de Miriófiton y Perístasis 
+ Crisóstomo de Mira
+ Emanuel de Francia 
+ Macario de Gortina y Arcadia
+ Anfiloquio de Nueva Zelanda
 


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Mensaje de Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé 
en el Día Mundial del Medio Ambiente 
(5 de junio 2009)

	El Día Mundial del Medio Ambiente es una oportunidad y también una invitación para todos nosotros, independientemente de nuestros antecedentes religiosos, de considerar la crisis ecológica.  
En nuestros tiempos, más que nunca, todo el mundo tiene la obligación innegable de saber que la preocupación medioambiental por nuestro planeta no es una simple noción romántica de unos pocos. La crisis ecológica, y particularmente la realidad del cambio de clima, constituyen la amenaza más grande para cualquier forma de vida en nuestro mundo. Además, hay una correlación inmediata entre la protección del medio ambiente y cualquier expresión de vida económica y social.  
Para nuestra Iglesia Ortodoxa, la protección del medio ambiente como Creación de Dios es la responsabilidad suprema de los seres humanos, aparte de cualquier beneficio financiero o material que pueda traer. El Todopoderoso dejó este mundo "muy bonito" (Gen. 1:26) a la humanidad junto con el mandato de "servirlo y preservarlo". Sin embargo, la correlación directa entre este mandato divino para la protección de la creación y cada aspecto de la vida contemporánea económica y social, finalmente realza el esfuerzo global para controlar el problema del cambio de clima introduciendo eficazmente la dimensión ecológica en cada aspecto de la vida.  
Con la apertura de este tercer milenio, los problemas medioambientales - ya evidentes desde el siglo XX - adquirieron una nueva intensidad, llegando a la vanguardia de la atención diaria. Según la comprensión teológica de la Iglesia Cristiana Ortodoxa, el ambiente natural es parte de la Creación caracterizado por su santidad. Esto es por qué su abuso y destrucción son actos sacrílegos y pecaminosos que muestran un desprecio total hacia la obra de Dios el Creador. La humanidad, también, es parte de esta Creación. Nuestra naturaleza racional, así como la capacidad de escoger entre el bien y el mal, nos confieren ciertos privilegios además de responsabilidades claras. Desgraciadamente, sin embargo, la historia humana está llena de numerosos ejemplos del mal uso de estos privilegios, donde el uso y la preservación de los recursos naturales se han transformado en el abuso irracional y, a menudo, la destrucción completa, llegando de vez en cuando al derrumbamiento de grandes civilizaciones.  
  	De hecho, cuidar y proteger la Creación es la responsabilidad de todos, individualmente y a nivel colectivo. Naturalmente, las autoridades políticas de cada nación tienen una responsabilidad mayor para evaluar la situación y poner las acciones, medidas y regulaciones que convenzan a nuestras comunidades de lo que debe hacerse y aplicarse. No obstante, la responsabilidad de cada individuo también es inmensa, tanto en su vida personal y familiar como en su papel de ciudadano activo.  
Por tanto, emplazamos a todos para que tengan un sentido más agudo de vigilancia para con la preservación de la naturaleza y de toda la creación, que Dios hizo con toda Su sabiduría y amor. Y, desde la Sede del Patriarcado Ecuménico, invocamos la bendición de Dios en el Día Mundial del Medio Ambiente, ofreciendo la alabanza al Creador de todo, a quien es debido toda gloria, honor y adoración.  

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Mensaje de 
Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé
por el Fin de Ramadán
Septiembre 2009 
	Es con sentimientos de amor y respeto que transmitimos a todos los musulmanes alrededor del mundo nuestras felicitaciones y mejores deseos en la ocasión del fin de Ramadán.
	Después de este prolongado periodo de ayuno, que también ha sido un tiempo de reflexión, oración y limosna, ha llegado la hora para que cada uno celebre su labor y reciba su justa recompensa desde lo alto.
	En el espíritu de paz, amor y comprensión os deseamos, una vez más, una celebración bendita, pidiendo que Dios Omnipotente os conceda toda bendición espiritual desde el cielo con la esperanza de que el mundo pueda vivir en harmonía.
	En el Patriarcado Ecuménico, 17 de septiembre de 2009
	
	Vuestro ferviente suplicante ante Dios
	+BARTOLOMÉ
	Arzobispo de Constantinopla-Nea Roma y Patriarca Ecuménico


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Message of His All Holiness Ecumenical Patriarch Bartholomew

On the occasion of the Bangkok climate change talks

(26 de septiembre 2009)

	In view of the international negotiations on climate change commencing in Bangkok, Thailand, and only two months before the crucial United Nations Climate Change Conference in Copenhagen, we urge the international community to undertake courageous commitments for the prevention of the most severe consequences of global warming.
	The accomplishment of a good agreement within the framework of the international negotiations in Copenhagen does not solely constitute a moral imperative for the conservation of God’s creation. It is also a route for economic and social sustainability. Taking action against climate change should not be understood as a financial burden, but as an important opportunity for a healthier planet, to the benefit of all humanity and particularly of those states whose economic development is lagging behind.
	We pray for the achievement of the best possible international agreement during the United Nations Conference on Climate Change in Copenhagen, so that the industrialized countries undertake generous commitments for a total reduction of the polluting greenhouse gas emissions by 40% until 2020, compared to the 1990 levels, as well as for the provision of important financial support to  the developing countries. 
	The urgency of the situation and the progress of science and technology pave the way for a low-carbon global economy, the development of renewable energy sources and the aversion of further deforestation. We all need to collaborate, in order to make sure that our children will be able to enjoy the goods of the earth, which we bequeath to them. We need to secure justice and love in all aspects of economic activity; profit and more specifically short-term profit making can not and should not constitute the sole incentive of our deeds, specifically when it undermines our common and God-given natural heritage.
 
+ Bartholomew of Constantinople
26.09.2009
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Comunicado 
De Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé
En la ocasión del Reposo del Patriarca Pavle de Serbia (15/11/2009)
 	Con profundo pesar hemos recibido la noticia hoy del reposo en el Señor de nuestro hermano el Patriarca Pavle de Serbia. Después de celebrar un responso al término del oficio de Vísperas por la Fiesta de San Mateo Apóstol y Evangelista, pedimos al Señor, con todo nuestro corazón y espíritu, que haga descansar su alma bendita en la tierra de los vivos. Por tanto, transmitimos nuestras sinceras condolencias a la venerable Jerarquía, el devoto clero y los fieles de nuestra Iglesia hermana de Serbia, donde todo el mundo llora la pérdida de su amado Primado. Sólo el Patriarca Pavle se regocija por su viaje celestial.
Reiteramos las palabras puntuales del poeta serbio M. Betskovic sobre el difunto Patriarca: “No hay nadie en esta época ruidosa que hablase tan bajo y fuese escuchado tan extensamente como él. Nadie que hablase menos y que, sin embargo, dijese más. Nadie en nuestra era de desilusión que confrontase la verdad con tanta tranquilidad como él.”
¡Que su memoria sea eterna!
Que el Señor y Fundador de la Iglesia revele un sucesor digno para liderar la santa Iglesia de Serbia y continuar el ministerio ejemplar de su antecesor preservando las tradiciones e ideales de su pueblo.
En el Fanar, 15 de noviembre de 2009

Cuadro de texto: ***

Prot. Nº 138
Homilía catequética en el Comienzo de la Santa y Gran Cuaresma
+ BARTOLOMÉ
POR LA GRACIA DE DIOS ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
 Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA:
GRACIA Y PAZ DE NUESTRO SEÑOR Y SALVADOR JESUCRISTO
Y DE NOSOTROS ORACIÓN, BENDICIÓN Y PERDÓN
 
“Ahora es el momento oportuno; ahora es el día de la salvación” (2 Cor 6,2)
Hermanos e hijos amados en el Señor:
Nuestra Iglesia ortodoxa recomienda que, durante este período de la Gran Cuaresma, nos centremos nuestra atención hacia el arrepentimiento sincero, "el crisol de pecado", según San Juan Crisóstomo. El arrepentimiento es el primer tema de la predicación de nuestro Señor Jesucristo y de la esencia misma de la doctrina cristiana. Es la invitación cotidiana de la Iglesia para todos nosotros.

A pesar de esto, muchos de nosotros no hemos experimentado realmente el arrepentimiento. A veces sentimos que no nos concierne personalmente, porque nosotros no hemos "venido a nosotros mismos " con el fin de comprender y contemplar cómo podemos haber cometido ningún pecado. Sin embargo, como nos enseña el sabio maestro de la vida espiritual, Abba Isaac el Sirio, y como la mayoría de los Padres de la Iglesia proclaman a través de la experiencia, "el arrepentimiento es necesario incluso para el perfecto. " Esto se debe a que el arrepentimiento no se limita a significar el remordimiento por nuestros pecados y la consiguiente decisión de no repetirlos, sino también implica un cambio de nuestra actitud hacia lo que es mejor para que adquiramos una mejora constante ante Dios y el mundo, y un aumento continuo en el amor y la humildad, la purificación y la paz.
En este sentido, el arrepentimiento es un viaje sin fin hacia la perfección divina, a la que debemos en todo momento aspirar. De hecho, puesto que la perfección de Dios no tiene límites, nuestro camino hacia su semejanza también debe ser sin límites y sin fin. Siempre hay un nivel de perfección más allá de lo que hemos logrado, por lo que debemos buscar constantemente el progreso espiritual y la transformación, como pide San Pablo, quien ascendió al tercer cielo y vio los misterios inefables: “Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor”. (2 Cor 3,18)
Cuanto más se limpia nuestro mundo interno, más nuestro ojo espiritual se purifica, más claramente vemos a nosotros mismos y todo lo que nos rodea. Por otra parte, este cambio - a saber, la mejora de nuestra visión de la realidad de este mundo y la condición espiritual de nosotros mismos - es de lo que el arrepentimiento precisamente se trata. El arrepentimiento es un estado de espíritu renovado y mejorado, de la condición en la que nos encontramos actualmente. En consecuencia, a continuación, el arrepentimiento es el presupuesto fundamental del progreso espiritual y de la adquisición de la semejanza con Dios.
Por supuesto, para que el arrepentimiento sea auténtico, también debe ir acompañado de los frutos apropiados, especialmente el perdón y la caridad hacia los demás. El criterio básico del arrepentimiento sincero es que nuestro corazón se mueva hacia la aceptación de los demás seres humanos y la respuesta a sus necesidades. Después de todo, el camino del arrepentimiento es el reconocimiento y la confesión de nuestros pecados sin guardar rencor hacia otros; la oración ferviente, así como la misericordia, la humildad y el amor hacia todas las personas, la victoria del bien sobre el mal, evitando la vanagloria y la arrogancia, que  todo lo estropean.

Esta lucha dentro de nuestra alma se revela en " la diferencia entre el publicano y el fariseo. . . ", que es una invitación a " despreciar la voz orgullosa de este último, y envidiar la oración contrita de la primera, " así como nosotros oramos fervientemente con lágrimas " para que Dios se apiade de nosotros, pecadores, y tenga piedad de nosotros. "

El período de la Gran Cuaresma que se nos viene encima es una oportunidad, en medio de una crisis financiera generalizada y global, para demostrar nuestra ayuda material y espiritual hacia otras personas. Cuando actuamos con caridad y manifestamos nuestro arrepentimiento en la práctica - pasando de una manera individualista y farisaica de la vida de una manera colectiva y altruista de la vida, como el publicano - entonces nos daremos cuenta del gran beneficio del arrepentimiento y la conversión, a la vez que experimentamos el arrepentimiento como una transición fundamental desde el pecado del egoísmo y la vanagloria de la virtud del amor ", que aspira a la humildad y la actitud del publicano , que merecía la misericordia de Dios. "

Desde el Trono Patriarcal de San Juan Crisóstomo , que tanto predicó y practicó tal arrepentimiento , al entrar en este período salvífico de la purificación del alma y el corazón para acoger la Pasión, la Cruz , Sepultura y Resurrección de nuestro Señor , no sólo en los rituales y palabras, sino también en la práctica y la experiencia , también nosotros como su indigno sucesor impulsamos , suplicamos y rogamos : "Adquirid el arrepentimiento al convertiros en nuevas personas, al renunciar a la vieja naturaleza de pecado y la adquisición de una nueva vida . . . Por ahí es donde reside la plenitud de la gracia divina " .

He aquí, pues, amados hermanos y hermanas , un tiempo favorable " de duelo " se abre ante nosotros, una arena de vigilancia y disciplina , por lo que " antes de que el teatro de esta vida pase , podamos cuidar de nuestra salvación " con sincero y tangible arrepentimiento por todos "nuestros pecados, maldades e injusticias . . . sin adherirnos a, o hacer lo que nos ha mandado " el Señor , para que Cristo nuestro Dios", que está presente en todas partes y llena todas las cosas , pueda cuidar de nosotros " en su gran e inescrutable misericordia.

Que su gracia salvadora sea con todos vosotros.
Santa y Gran Cuaresma 2014
+ Bartolomé de Constantinopla
Ferviente suplicante por todos ante Dios

Prot. Nº 425
† BARTOLOMÉ
POR LA GRACIA DE DIOS
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA
LA GRACIA, PAZ Y MISERICORDIA DE CRISTO RESUCITADO

Cristo ha resucitado

Venid, hermanos e hijos en el Señor, recibid la luz de la Luz sin ocaso del Fanar, el Centro Santo de los ortodoxos, y que todos juntos y de manera conjunta glorifiquemos a “Cristo, que ha resucitado de entre los muertos.”

El estado emocional de los discípulos del Señor era sombrío después de Su crucifixión, porque por la muerte del Señor en la Cruz las esperanzas de sus discípulos ​​que un día Él y ellos prevalecerían como poder político fueron disipadas. Ellos habían percibido la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, después de la resurrección de Lázaro y la milagrosa alimentación de los cinco mil hombres, así como mujeres y niños, con cinco panes y dos peces, como preludio de su conquista de la autoridad secular. La madre de dos de ellos pidió, además, que sus dos hijos se sentaran uno a cada lado del Señor, cuando Él llegase al poder. Todo esto, sin embargo, se disipó como imaginaciones infantiles a causa de la espantosa ejecución de Jesucristo.

Pero, el primer día de la semana (domingo), las portadoras de mirra encontraron la tumba vacía y escucharon de un ángel que Jesús había resucitado de entre los muertos. Poco después, lo vieron en un estado diferente, y no pudieron tocarlo. Este desarrollo inesperado de la situación hizo que el pueblo cerca de Jesús se preguntase acerca de lo que iba a suceder a continuación. Ellos no recibieron la respuesta de inmediato. Se les dijo de esperar con paciencia y resistencia hasta que recibiesen la fuerza de lo alto. Obedeciendo la orden, esperaron hasta Pentecostés cuando el Espíritu Santo descendió y les reveló, en plenitud, su nueva misión. Esta misión no pidió la liberación de una nación de sus ataduras de la esclavitud de otra nación; en cambio, pidió la liberación de toda la humanidad de su esclavización por el amo del mal y el mal en sí. Esta fue otra gran misión y diferente de la que habían soñado.

El llamado mandamiento inconcebible para la predicación del mensaje de la liberación del hombre de la esclavitud de la muerte les tomó por sorpresa; sin embargo, se comprometieron con celo y predicaron el mensaje por todas partes y salvaron  y continúan salvando a muchos de la muerte. El primero entre los muertos, Jesús resucitado, que ofrece a todos el don de la resurrección y la vida eterna, una vida que ya no está expuesta a la corruptibilidad, porque el hombre en el estado resucitado es como un ángel de Dios en el cielo que ya no tiene un cuerpo carnal, sino espiritual.

Nosotros ya experimentamos el anticipo de este  bendito estado resucitado cuando llevamos nuestra vestidura carnal de una manera por la cual no probamos la sustancia de la muerte, es decir el distanciamiento del amor de Dios, sino sentimos que la transición de la muerte natural de nuestra cuerpo carnal a la vida superior de nuestro cuerpo espiritual a través del conocimiento bondadoso de la Persona del Señor, un conocimiento que iguala hacia la vida eterna.

Por lo tanto, no estamos simplemente a la espera de la resurrección de los muertos como un evento que tendrá lugar en un futuro lejano, sino que participamos en ella ahora, y estamos jubilosos y clamamos junto con San Juan Crisóstomo: Muerte, ¿dónde está tu aguijón? Hades, ¿dónde está tu victoria? Nos hemos sido resucitados junto a Jesucristo y experimentamos el final de los tiempos como una realidad presente y la realidad actual como el fin de los tiempos. La resurrección impregna nuestro ser y nos llena de alegría. Exactamente igual que la alegría que sintieron los discípulos cuando ellos decían que el Señor había resucitado.

Nosotros continuamos el trabajo de los Apóstoles. Transmitimos al mundo el mensaje de la resurrección. Predicamos a sabiendas que la muerte no debe tener un lugar en nuestra vida porque no ofrece ningún beneficio a la humanidad. Los que tratan de mejorar la vida social matando otros seres humanos no ofrecen un buen servicio a los vivos. Más bien sirven a la proliferación de la muerte y preparan su propia destrucción por la muerte.

En nuestros tiempos, los tambores de la muerte y la oscuridad golpean frenéticamente. Algunos de nuestros semejantes creen que la erradicación de otros semejantes es un acto loable y beneficioso, pero están tremendamente engañados. Por desgracia, la aniquilación y la supresión de los más débiles por los más fuertes dominan en la pirámide secular de la realidad de hoy. A menudo estamos consternados por la crueldad y falta de compasión mostrada por los poderosos que tienen las riendas del mundo, creyendo que en realidad son los que lo gobiernan.

Sin embargo, Cristo, por su muerte en la Cruz, invirtió esta pirámide secular y colocó encima de ella Su Cruz. Él se sienta en lo alto, porque sufrió más que cualquier hombre. No había nadie en el mundo que hubiera sufrido tanto como lo hizo Cristo Dios-Hombre: Y hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y la muerte de la cruz. Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús
se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra;
(Filipenses 2: 8-11).

Muchas veces en la historia de la humanidad vemos como fuerzas prevalecientes la oscuridad de la muerte, la injusticia sobre la justicia, el odio y la envidia sobre el amor, y vemos que el hombre elige el odio infernal sobre la luz de la Resurrección. A pesar del aparente progreso tecnológico de la sociedad humana, a pesar de las declaraciones de derechos humanos y de libertad religiosa, el odio racial y religioso aumenta universalmente y causa tensiones peligrosas, que exacerban el dominio del reino de la muerte, Hades, y el mal. Desafortunadamente, la gente no puede tolerar la diversidad en sus semejantes. No pueden tolerar el distinto origen racial del otro ni sus diferentes percepciones y creencias, ya sean políticas, religiosas o sociales.

La historia, sin embargo, se ha demostrado que el progreso real no puede existir sin Dios. Ninguna sociedad puede ser verdaderamente progresista y feliz sin libertad. La verdadera libertad, sin embargo, sólo se adquiere al permanecer cerca de Dios. La historia del siglo XX confirma trágicamente esta verdad. La humanidad experimentó un horror que se originó en Europa Central y produjo millones de víctimas durante la Segunda Guerra Mundial y las persecuciones raciales. Al mismo tiempo, también experimentó el horror que fue sembrada por estas llamadas fuerzas progresistas, que cometieron delitos de igual magnitud y crueldad en Europa Oriental, en nombre de la libertad. Por lo tanto, el totalitarismo como descendiente de una humanidad sin Cristo, no reconoce los partidos políticos y su conclusión natural se convierte en destrucción y muerte. Todo lo anterior confirma que cualquier intento para llegar a la verdadera libertad sin Dios, está condenado a la tragedia.

A este predominio de las fuerzas de oscuridad, la Iglesia responde con la gracia y el poder del Cristo Resucitado. Él, que tomó sobre sí las aflicciones y enfermedades de cada persona, ofrece al mundo a través de Su resurrección también la seguridad de que la muerte está vencida.

La resurrección y la vida son los dones y la luz de Jesucristo, que " iluminan a todos." Honremos este regalo. Demos gracias al Dador quien por Su carne brilló en el mundo como en un espejo, y ha mostrado la luz de la resurrección al mundo. Recibamos, pues, la luz de la Luz sin ocaso de la Vida. Recibamos y celebremos el don de la resurrección y clamemos desde el fondo de nuestros corazones:

¡Cristo ha resucitado de entre los muertos, abatiendo la muerte con su muerte, y regalando la vida a los que estaban en los sepulcros! ¡Alegraos naciones y regocijaos!

Santa Pascua 2014

+Bartolomé de Constantinopla
Vuestro ferviente suplicante ante Dios



COMMON DECLARATION OF POPE FRANCIS  AND THE ECUMENICAL PATRIARCH BARTHOLOMEW I
Apostolic Delegation (Jerusalem)
Sunday, 25 May 2014
1. Like our venerable predecessors Pope Paul VI and Ecumenical Patriarch Athenagoras who met here in Jerusalem fifty years ago, we too, Pope Francis and Ecumenical Patriarch Bartholomew, were determined to meet in the Holy Land “where our common Redeemer, Christ our Lord, lived, taught, died, rose again, and ascended into Heaven, whence he sent the Holy Spirit on the infant Church” (Common communiqué of Pope Paul VI and Patriarch Athenagoras, published after their meeting of 6 January 1964). Our meeting, another encounter of the Bishops of the Churches of Rome and Constantinople founded respectively by the two Brothers the Apostles Peter and Andrew, is a source of profound spiritual joy for us. It presents a providential occasion to reflect on the depth and the authenticity of our existing bonds, themselves the fruit of a grace-filled journey on which the Lord has guided us since that blessed day of fifty years ago.
2. Our fraternal encounter today is a new and necessary step on the journey towards the unity to which only the Holy Spirit can lead us, that of communion in legitimate diversity. We call to mind with profound gratitude the steps that the Lord has already enabled us to undertake. The embrace exchanged between Pope Paul VI and Patriarch Athenagoras here in Jerusalem, after many centuries of silence, paved the way for a momentous gesture, the removal from the memory and from the midst of the Church of the acts of mutual excommunication in 1054. This was followed by an exchange of visits between the respective Sees of Rome and Constantinople, by regular correspondence and, later, by the decision announced by Pope John Paul II and Patriarch Dimitrios, of blessed memory both, to initiate a theological dialogue of truth between Catholics and Orthodox. Over these years, God, the source of all peace and love, has taught us to regard one another as members of the same Christian family, under one Lord and Saviour, Jesus Christ, and to love one another, so that we may confess our faith in the same Gospel of Christ, as received by the Apostles and expressed and transmitted to us by the Ecumenical Councils and the Church Fathers. While fully aware of not having reached the goal of full communion, today we confirm our commitment to continue walking together towards the unity for which Christ our Lord prayed to the Father so “that all may be one” (Jn 17:21).
3. Well aware that unity is manifested in love of God and love of neighbour, we look forward in eager anticipation to the day in which we will finally partake together in the Eucharistic banquet. As Christians, we are called to prepare to receive this gift of Eucharistic communion, according to the teaching of Saint Irenaeus of Lyon (Against Heresies, IV,18,5, PG 7,1028), through the confession of the one faith, persevering prayer, inner conversion, renewal of life and fraternal dialogue. By achieving this hoped for goal, we will manifest to the world the love of God by which we are recognized as true disciples of Jesus Christ (cf. Jn 13:35).
4. To this end, the theological dialogue undertaken by the Joint International Commission offers a fundamental contribution to the search for full communion among Catholics and Orthodox. Throughout the subsequent times of Popes John Paul II and Benedict the XVI, and Patriarch Dimitrios, the progress of our theological encounters has been substantial. Today we express heartfelt appreciation for the achievements to date, as well as for the current endeavours. This is no mere theoretical exercise, but an exercise in truth and love that demands an ever deeper knowledge of each other’s traditions in order to understand them and to learn from them. Thus we affirm once again that the theological dialogue does not seek a theological lowest common denominator on which to reach a compromise, but is rather about deepening one’s grasp of the whole truth that Christ has given to his Church, a truth that we never cease to understand better as we follow the Holy Spirit’s promptings. Hence, we affirm together that our faithfulness to the Lord demands fraternal encounter and true dialogue. Such a common pursuit does not lead us away from the truth; rather, through an exchange of gifts, through the guidance of the Holy Spirit, it will lead us into all truth (cf. Jn 16:13).
5. Yet even as we make this journey towards full communion we already have the duty to offer common witness to the love of God for all people by working together in the service of humanity, especially in defending the dignity of the human person at every stage of life and the sanctity of family based on marriage, in promoting peace and the common good, and in responding to the suffering that continues to afflict our world. We acknowledge that hunger, poverty, illiteracy, the inequitable distribution of resources must constantly be addressed. It is our duty to seek to build together a just and humane society in which no-one feels excluded or emarginated.
6. It is our profound conviction that the future of the human family depends also on how we safeguard – both prudently and compassionately, with justice and fairness – the gift of creation that our Creator has entrusted to us. Therefore, we acknowledge in repentance the wrongful mistreatment of our planet, which is tantamount to sin before the eyes of God. We reaffirm our responsibility and obligation to foster a sense of humility and moderation so that all may feel the need to respect creation and to safeguard it with care. Together, we pledge our commitment to raising awareness about the stewardship of creation; we appeal to all people of goodwill to consider ways of living less wastefully and more frugally, manifesting less greed and more generosity for the protection of God’s world and the benefit of His people.
7. There is likewise an urgent need for effective and committed cooperation of Christians in order to safeguard everywhere the right to express publicly one’s faith and to be treated fairly when promoting that which Christianity continues to offer to contemporary society and culture. In this regard, we invite all Christians to promote an authentic dialogue with Judaism, Islam and other religious traditions. Indifference and mutual ignorance can only lead to mistrust and unfortunately even conflict.
8. From this holy city of Jerusalem, we express our shared profound concern for the situation of Christians in the Middle East and for their right to remain full citizens of their homelands. In trust we turn to the almighty and merciful God in a prayer for peace in the Holy Land and in the Middle East in general. We especially pray for the Churches in Egypt, Syria, and Iraq, which have suffered most grievously due to recent events. We encourage all parties regardless of their religious convictions to continue to work for reconciliation and for the just recognition of peoples’ rights. We are persuaded that it is not arms, but dialogue, pardon and reconciliation that are the only possible means to achieve peace.
9. In an historical context marked by violence, indifference and egoism, many men and women today feel that they have lost their bearings. It is precisely through our common witness to the good news of the Gospel that we may be able to help the people of our time to rediscover the way that leads to truth, justice and peace. United in our intentions, and recalling the example, fifty years ago here in Jerusalem, of Pope Paul VI and Patriarch Athenagoras, we call upon all Christians, together with believers of every religious tradition and all people of good will, to recognize the urgency of the hour that compels us to seek the reconciliation and unity of the human family, while fully respecting legitimate differences, for the good of all humanity and of future generations.
10. In undertaking this shared pilgrimage to the site where our one same Lord Jesus Christ was crucified, buried and rose again, we humbly commend to the intercession of the Most Holy and Ever Virgin Mary our future steps on the path towards the fullness of unity, entrusting to God’s infinite love the entire human family. “ May the Lord let his face shine upon you, and be gracious to you! The Lord look upon you kindly and give you peace!” (Num 6:25-26).
Jerusalem, 25 May 2014
Prot. No. 907
†B A R T O L O M É
POR LA GRACIA DE DIOS 
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA Y PATRIARCA ECUMÉNICO 
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA
 LA GRACIA Y LA PAZ DEL CREADOR, SUSTENTADOR Y GOBERNADOR DE TODA LA CREACIÓN, 
NUESTRO SEÑOR DIOS Y SALVADOR JESUCRISTO 

Queridos hermanos, hermanas e hijos en el Señor: 

          La Madre común de todos los ortodoxos, la Iglesia de Cristo, el Cuerpo de nuestro Señor eterno y divino-humano Jesucristo, ministra compasivamente a través de todas sus actividades, pero sobretodo a través de la divina Eucaristía, ofreciendo sus santos dones a su Creador en el misterio de la salvación. Lo hace con probado amor ilimitado e indiscriminado hacia todos sus miembros en la medida también demostrado por nuestro Padre celestial.
En su memoria devota, la Iglesia siempre tiene en cuenta la presencia de sus hijos, manteniendo un vivo interés y preocupación por todo lo que se relaciona con sus vidas y las influye. Es por esto que no permanece impasible o indiferente por la destrucción continua y diaria del medio natural como consecuencia de la codicia humana y el beneficio vano, que a su vez implica un giro esencial de la faz del Señor y produce la consecuente turbulencia de la naturaleza y de la fractura en su corona, a saber, la existencia humana, cuya misma supervivencia está amenazada.
El Patriarcado Ecuménico y nosotros durante muchos años hemos evaluado los signos de nuestro tiempo, así como la obligación Eucarística de la Iglesia Ortodoxa. Así que declaramos y dedicamos el inicio del año eclesiástico, es decir el 1 de septiembre, como día de oración y súplica por la preservación de la creación de Dios, que ha sido heredado por nosotros como nuestro medio ambiente. En este día, nos inclinamos nuestro corazón y alma, invocando al Verbo de Dios a mirar hacia abajo con bondad a su creación para pasar por alto nuestra maldad y codicia ", y abrir su mano para llenar toda la creación con bondad" y poner fin al camino destructivo del mundo. 
Por supuesto, es cierto que se han logrado avances significativos en las últimas décadas en materia de protección del medio ambiente, especialmente a través de la sensibilización constante de la conciencia pública, asumiendo las medidas de precaución y restricción, la creación de programas sostenibles, volviendo a las fuentes de energía más moderadas, así como muchas otras actividades fructíferas y notables. El esfuerzo y la preocupación de la Madre Iglesia de Constantinopla han contribuido en gran medida a este progreso en la cooperación con las instituciones y organizaciones ecológicas internacionales. Sin embargo, todo esto es insuficiente.
Al celebrar un año más la Fiesta de la Indicción Bizantina, e inaugurar un nuevo año de la gracia del Señor, nos dirigimos a la plenitud bienaventurada de la Iglesia Ortodoxa y al mundo entero, invitando a todas las personas a mantener la vigilancia, la conciencia y la movilización de sus recursos con el fin de volver al estado que refleja - si no la condición eucarística y doxológica absoluta de Adán y Eva - al menos la condición inspirada por la gracia y la misericordia de Dios. 
          La explotación ilimitada e insaciable de los recursos naturales de la creación, la que constituye la causa principal de la destrucción del medio ambiente natural, es - según el testimonio de la teología, la ciencia y las artes - el resultado de la caída del hombre, es decir, nuestra desobediencia a la orden del Señor y nuestra indiferencia hacia de la voluntad de Dios. 
Sin embargo, la Iglesia ofrece el antídoto para la resolución de nuestra crisis ecológica, invitando a todos a la restauración de la imagen divina a su belleza antigua y original. La rehabilitación de la naturaleza humana caída mediante la inspiración del Espíritu Santo y la participación de sus dones también restaura una relación equilibrada entre la humanidad y la creación, hecha por Dios para nuestro gozo y disfrute, pero también para que nosotros se la ofrezcamos a Él como su Creador.
La Madre Iglesia nos llama "a cultivar toda la creación en el Verbo divino y Espíritu vivificador", como San Simeón Estilita, cuya memoria celebramos hoy, para que podamos ascender "de lo natural a lo sobrenatural" y comprometernos "a las visiones místicas simples y absolutas de la teología" a fin de ser elevado desde la creación al Creador. Es la morada del Espíritu Santo que deifica la humanidad y al mismo tiempo la une con el entorno natural para que lo percibamos como parte de nosotros mismos y lo respetemos como algo sagrado sin desviarnos hacia los abusos y los extremos. 	
         El sostenimiento de la humanidad por el mundo natural no puede ocurrir a través del abuso codicioso, sino por el uso respetuoso, es decir, por el respeto mutuo entre los seres humanos y todos los seres creados, así como con todo lo que tiene vida y ofrece la vida, que fue creada "muy buena" por la palabra de Dios, es decir, con todos los elementos de la creación visible e invisible. Por lo tanto, hemos de ser capaces de beber el agua de la piedra vivificadora, para contemplar el sol creado y concebir el sol espiritual de la justicia, de contemplar la columna material de san Simeón y ver la verdadera columna de luz, para presenciar las nubes lluviosas y entrar en la nube del Espíritu Santo para que podamos descansar allí, donde Cristo entró como nuestro precursor, y tener nuestros nombres registrados con el primogénito en la Iglesia celestial. 
   Es sólo cuando se procede a esta forma de pensar - respetando la contribución de cada ser vivo y vegetal en la liturgia universal de la vida - que podemos resolver con el poder de la gracia divina y no por medio de la violencia débilmente humana todos nuestros desafíos ambientales. Este mensaje de la vida es un mensaje de nuestra responsabilidad de continuar nuestra lucha espiritual y esfuerzo con la oración, la exhortación, el estímulo y la petición, atrayendo la atención de todas las personas con respecto a la necesidad de protegernos de la ira inminente resultante de nuestro alejamiento de la naturaleza. El foco constante de la humanidad en cosas terrenales y corruptibles provoca los problemas ecológicos ya que, cuando miramos cada vez más hacia la tierra y este mundo, estamos cada vez más alejados del cielo y de Dios.
La Santa y Gran Madre Iglesia de Cristo incesantemente asume y cultiva esta responsabilidad obligatoria y salvífica por la protección del medio ambiente para la continuación espiritual y material de la vida en nuestro planeta. Por lo tanto, en este sentido, se está organizando una Cumbre del Medio Ambiente en junio del próximo año con el tema de "Teología, Ecología, y la Palabra: una conversación sobre el medio ambiente, la literatura y las artes." El objetivo de este congreso es despertar la conciencia mundial a la importancia particular y específica de la dimensión ética y espiritual de la crisis ecológica - con especial referencia a las artes y la literatura - con el fin de que pueda ser devuelto a su "belleza original", que es el propósito natural, justo y sagrado para el cual fue formado por las manos creativas del Verbo divino. 
Teniendo "dentro de nosotros mismos la memoria inviolable del juicio del Señor," desde este Centro Sagrado de toda la Ortodoxia de la verdad de la palabra y llamar la atención de todos los peligros que nos esperan, que la gracia de Dios ciertamente evitará en su bondadosa providencia. E invitamos a todos a trabajar por la preservación y el retorno de nuestro mundo a la Fuente de la Vida, por la intercesión de la Santísima Madre de Dios, de San Simeón Estilita, y de todos los Santos. Amén. 

01 de septiembre 2014 
Vuestro ferviente suplicante ante Dios, 
† Bartolomé de Constantinopla

SALUDO DE SU SANTIDAD
EL PATRIARCA ECUMÉNICO BARTOLOMÉ
A SU SANTIDAD EL PAPA FRANCISCO
DURANTE LA DOXOLOGÍA EN LA IGLESIA PATRIARCAL
EN OCASIÓN DE SU VISITA OFICIAL
AL PATRIARCADO ECUMÉNICO

(29 de Noviembre de 2014)

Santidad,
Dando gloria al Bondadoso Dios Trino os acogemos y a vuestro venerable Séquito en este lugar sagrado, donde está la Cátedra de los obispos de esta histórica y mártir Iglesia, que tiene asignado por la Divina Providencia el servicio tan responsable de la Primacía  entre las  santísimas Iglesias Ortodoxas locales. Os acogemos  con alegría, honor y reconocimiento, porque gustosamente habéis dirigido vuestros pasos desde la Antigua hasta la Nueva Roma, unificando simbólicamente con este  movimiento vuestro el Occidente y el Oriente, portador del amor del Protocorifeo al Primer Llamado, su hermano carnal.
Vuestra venida aquí, por primera vez desde la reciente elevación de Vuestra Santidad al trono de la “primacía del amor”, constituye una continuación a análogas visitas de vuestros venerables predecesores Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, testimoniando vuestra voluntad como también la de la Santísima Iglesia de Roma, de continuar el firme camino fraternal con nuestra Iglesia Ortodoxa para el restablecimiento de la plena comunión entre nuestras Iglesias. Saludamos, por eso, con mucha satisfacción y estima la venida aquí de Vuestra Santidad, como un evento histórico y lleno de buenos auspicios para el futuro.
Este sagrado lugar, en el cual durante siglos a través de muchísimas vicisitudes históricas, cada uno de los Patriarcas Ecuménicos han celebrado y celebran el sagrado Misterio de la Divina Eucaristía, constituye un sucesor de otros distinguidos lugares de culto en esta Ciudad, que han iluminado ilustres figuras eclesiásticas que pertenecen ya al coro de los grandes Padres de la Iglesia universal. Tales eran también los predecesores de nuestra Humildad, los Santos Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo, las reliquias de los cuales descansan ya en este sagrado templo, junto con aquellas de Basilio el Grande, de la Gran Mártir Eufemia que convalidó el Tomos del V Concilio Ecuménico y otros santos de la Iglesia – eso gracias a la gentil restitución de ellas por parte de la Iglesia de Roma al Patriarcado Ecuménico. Este año cumplimos el décimo aniversario de este evento y expresamos a Vuestra Santidad nuestros calurosos agradecimientos por ese gesto fraternal de Vuestra Iglesia hacia nuestro Patriarcado Ecuménico. Que estos Padres sagrados, sobre la enseñanza de los cuales fue construida nuestra común fe durante el primer milenio, sean intercesores ante el Señor, para que encontremos nuevamente la plena  comunión entre nuestras Iglesias, cumpliendo así Su santa voluntad en tiempos cruciales para la humanidad y el mundo. Porque, según el sagrado Crisóstomo “esto es lo que más sostiene a los fieles y constituye el amor; por eso, que sean una sola cosa, dice Cristo” (A los Filip. 4,3 P.G. 62,208).
Expresando de nuevo la alegría y el agradecimiento de la Santísima Iglesia de Constantinopla y de nuestra Humildad por esta visita oficial y fraternal de Vuestra Santidad, deseamos a Vos y a vuestro venerable Séquito todas las bendiciones de parte del Señor y sea Vuestra permanencia entre nosotros un mayor estrechamiento de nuestros lazos fraternales para  gloria de Su santo Nombre.
“¡Gracias sean dadas a Dios por su don inefable!” (2 Cor 9,15).
¡Bienvenido amado Hermano en Cristo!                         

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ALOCUCIÓN DE SU SANTIDAD
EL PATRIARCA ECUMENICO BARTOLOMÉ
A SU SANTIDAD EL PAPA FRANCISCO
DURANTE LA DIVINA LITURGIA
POR LA FIESTA DE SAN ANDRÉS APÓSTOL
EN LA VENERABLE IGLESIA PATRIARCAL

(30 de Noviembre de 2014)

Santísimo y amado Hermano en Cristo, Francisco, Obispo de Roma,
Gloria y alabanza damos a nuestro Dios Trino que nos ha concedido la alegría inexpresable y el honor particular de la presencia personal de Vuestra Santidad, durante el festejo de este año de la memoria sagrada del fundador, a través de su predicación, de nuestra Iglesia, el Apóstol Andrés el Primer Llamado. Agradecemos cordialmente a Vuestra Santidad el precioso don de su bendita presencia entre nosotros, junto con su venerable séquito. Con amor profundo y gran honor os abrazamos dirigiéndoos  el cordial abrazo de la paz y del amor: “Gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Rom 1,7). “Porque nos apremia el amor de Cristo” (2 Cor 5,14).
	Todavía conservamos fresco en nuestro corazón el recuerdo de nuestro encuentro con Vuestra Santidad en la Tierra Santa en común peregrinaje piadoso al lugar donde nació, vivió, enseñó, padeció, resucitó y ascendió, allí donde estuvo antes la Cabeza de nuestra fe, así como también el agradecido recuerdo del evento histórico del encuentro allí de nuestros inolvidables predecesores el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras. Hace ya cincuenta años de aquel encuentro en la Santa Ciudad  y el curso de la historia ha cambiado de dirección, los paralelos y algunas veces enfrentados caminos de nuestras Iglesias se encontraron en la visión común del descubrimiento de la pérdida de su unidad,  el amor congelado ha vuelto a inflamarse y fue acelerada nuestra voluntad de hacer todo lo que esté de nuestra parte para que de nuevo se edifique nuestra comunión en la misma fe y en el Cáliz común. Desde entonces se abrió la vía de Emaús, vía probablemente larga y algunas veces escabrosa, pero sin retorno, invisiblemente caminando junto con nosotros el Señor, hasta que Él se nos revele “en el partir el pan” (Luc 24,35).
	Esta vía la han seguido desde entonces y la siguen todos los sucesores de estos inspirados jefes, instituyendo, bendiciendo y apoyando el diálogo de la caridad y de la verdad entre nuestras Iglesias para la elevación de los obstáculos acumulados por un milenio completo en las relaciones entre ellas, diálogo entre hermanos y no, como antiguamente, de adversarios, precisando con toda franqueza la palabra de la verdad, pero también respetándose recíprocamente como hermanos.
	Dentro de este clima del camino común trazado por nuestros mencionados predecesores, os acogemos hoy también Santísimo Hermano, como portador del amor del Apóstol Pedro a su hermano el  Apóstol Andrés, el Primer Llamado, cuya memoria sagrada solemnemente celebramos hoy. Según costumbre sagrada, instituida y observada ya desde décadas por parte de las Iglesias de la Antigua y Nueva Roma, representaciones oficiales de ambas intercambian visitas durante la fiesta patronal de cada una de ellas, para que también a través de este modo sea demostrada la hermandad carnal de los dos corifeos Apóstoles, que en común han conocido a Jesús y han creído en Él como Dios y Salvador. Esta común fe la han transmitido a las Iglesias que han fundado con su predicación y han santificado con su martirio. Esta fe han vivido y han dogmatizado los Padres comunes de nuestras Iglesias, reunidos desde oriente y occidente en Concilios Ecuménicos, heredándola en nuestras Iglesias como fundamento inquebrantable de nuestra unidad. Esta fe, que hemos conservado en común en el oriente y en el occidente por un milenio, somos llamados nuevamente a ponerla como base de nuestra unidad, de modo que “manteneos unánimes y concordes” (Fil 2,2) avanzamos junto con Pablo adelante “olvidando lo que queda atrás y lanzado hacia lo que está por delante” (cfr. Fil 3,14).
	Porque en verdad, Santísimo Hermano, nuestra obligación no se limita en el pasado, sino que se extiende sobre todo y especialmente en nuestros días y en el futuro. Porque, ¿para qué vale nuestra fidelidad al pasado, si esto nada significa para el futuro? ¿Qué utilidad tiene nuestro orgullo por todo que hemos recibido, si todo esto no se traduce en vida para el hombre y el mundo de hoy y del mañana? “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre” (Hebr 13,8). Y su Iglesia viene llamada a tener su visión dirigida no tanto al ayer,  sino al hoy y al mañana. La Iglesia existe por el mundo y por el hombre y no por sí misma.
	Nuestra visión dirigida al hoy no puede evitar nuestra agonía también para el mañana. “Luchas por fuera, temores por dentro” (2 Cor 7,5). Esta comprobación  del Apóstol para su época, vale integra hoy también para nosotros. Porque, mientras todo el tiempo que nos ocupamos con nuestras contradicciones, el mundo vive el temor de la supervivencia, la agonía del mañana. ¿Cómo puede sobrevivir mañana una humanidad afligida hoy por muchas divisiones, conflictos y enemistades,  muchas veces también en el nombre de Dios? ¿Cómo será repartida la riqueza de la tierra más justamente de modo que no viva mañana la humanidad una esclavitud más horrible, como jamás conoció antes? ¿Qué planeta encontrarán las próximas generaciones para habitar, si el hombre moderno con su avidez la destruye cruel e irremediablemente? 
	Muchos ponen hoy sus esperanzas en la ciencia; otros en la política; otros en la tecnología. Pero ninguna de estas puede garantizar el futuro si el hombre no adopta la llamada de la reconciliación, del amor y de la justicia, la llamada de la aceptación del otro, del diferente, aún también del enemigo. La Iglesia de Cristo, que es la primera que ha enseñado y ha vivido esta predicación, debe aplicarla en primer lugar para sí misma “para que el mundo crea” (Juan 17,21). He aquí por qué urge como jamás en otro tiempo el camino hacia la unidad de los que invocan el nombre del gran Pacificador. He aquí por qué la responsabilidad de nosotros los cristianos es grande  frente a Dios, a la humanidad y a la historia. 
	Santidad,
	En el todavía breve  recorrido a la cabeza de vuestra Iglesia os habéis mostrado ya a la conciencia de nuestros contemporáneos como predicador del amor, de la paz y de la reconciliación. Predicáis con vuestras palabras, pero sobre todo y principalmente con vuestra simplicidad, humanidad y amor hacia todos, con los cuales ejercitáis vuestro alto ministerio. Inspiráis confianza en los desconfiados, esperanza en los desesperados, expectación en aquellos que esperan una Iglesia afectuosa para todos. Además ofrecéis a vuestros hermanos Ortodoxos la esperanza que en vuestros días el acercamiento de nuestras dos grandes y antiguas Iglesias se continuará basándose sobre los firmes fundamentos de nuestra común tradición, la cual desde siempre  observaba y reconocía dentro de la estructura de la Iglesia un primado de amor, honor y servicio en el ámbito de la sinodalidad, de modo que “con una boca y un corazón” viene confesando al Dios Trino y derramando Su amor por el mundo.
	Santidad,
	La Iglesia de la Ciudad de Constantino que por primera vez os acoge hoy con mucho amor y honor, como también con profundo reconocimiento, lleva en sus hombros una pesada herencia, como también una responsabilidad tanto para el presente como para el futuro. En esta Iglesia la Divina Providencia ha puesto, a través del orden instituido por parte de los sagrados Concilios Ecuménicos, la responsabilidad de la coordinación y de la expresión del consenso de las  santísimas Iglesias Ortodoxas locales. Dentro de esta responsabilidad trabajamos ya intensamente para la preparación del Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa, que se decidió fuera convocado aquí, con la benevolencia de Dios, dentro del año 2016. Las  comisiones responsables trabajan ya febrilmente para la preparación de este gran evento en la historia de la Iglesia Ortodoxa, por el éxito del cual pedimos también vuestras oraciones. Desgraciadamente, la comunión eucarística entre nuestras Iglesias, rota desde hace mil años, no permite  todavía la constitución de un común Gran y Ecuménico Concilio. Rezamos que una vez restablecida la plena comunión entre ellas no tarde en resurgir también este gran e ilustre día. Hasta aquel bendito día, la participación de cada una de nuestras Iglesias en la vida sinodal de la otra será mostrada con el envío de observadores, como ya sucede, por medio de vuestra gentil invitación, durante los Sínodos de Vuestra Iglesia, y como, esperamos, que sucederá también durante la realización, con la ayuda de Dios, de nuestro Santo y Gran Concilio.
	Santidad,
	Los problemas que la coincidencia histórica levanta hoy  frente a nuestras Iglesias nos imponen que superaremos el girar en torno nosotros mismos y los afrontemos con la más estrecha colaboración posible. Los modernos perseguidores de los cristianos no preguntan a qué  Iglesia pertenecen sus víctimas. La unidad, por la cual nos comprometemos, se realiza ya en algunas regiones, desgraciadamente,  a través del martirio. Tendamos en común la mano al hombre moderno, la mano del único que puede salvarlo a través de Su Cruz y Su Resurrección.
	Con estos pensamientos y sentimientos expresamos también ahora la alegría por la presencia entre nosotros de Vuestra Santidad, agradeciéndola  y rezando al Señor que por las intercesiones del celebrado hoy, el Apóstol Primer Llamado y de su hermano en la carne Pedro Protocorifeo, proteja Su Iglesia y la conduzca al cumplimiento de Su santa voluntad.
	¡Bienvenido entre nosotros, muy querido Hermano!                                                                                 

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MENSAJE PATRIARCAL
POR LA NAVIDAD

† BARTOLOMÉ I
POR MISERICORDIA DE DIOS
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A TODO EL PLEROMA DE LA IGLESIA
GRACIA, MISERICORDIA Y PAZ
DE PARTE DE CRISTO SALVADOR NACIDO EN BELÉN


Hermanos e hijos amados en el Señor,

“¡Cristo viene desde los cielos, encontradlo!”.

	Se apareció sobre la tierra Dios y temporalmente se manifestó el hombre perfecto y el valor inconcebible de la persona humana.

	El hombre moderno particularmente vive la situación posterior de caída, durante la cual cotidianamente comprobamos junto con el salmista que “todos se extravían igualmente obstinados, no hay uno que obre bien, ni uno solo” (Sal 13,3 – Rom 3,12-13).

	Antes de la encarnación de Cristo el hombre no podría imaginar el valor inconcebible de la persona humana, porque después de la caída se volvió enfermo y alterado. Solo los hombres muy iluminados han sentido también antes de Cristo el valor de la persona humana y a la incertidumbre del Salmista “¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? (sal, 8,5), han proclamado: “lo hiciste poco inferior a los ángeles” (Sal 8,6).

Este supremo valor de la persona humana que manifestó el Señor Dios y Hombre, desde entonces, repiten cada año declaraciones de estados, gobiernos, grupos sociales y entidades internacionales refiriéndose al respeto de la persona humana y sus derechos, Pero, en nuestros días vemos cotidianamente la peor humillación de la persona humana, su degradación y su ridiculización. Debemos, entonces, si queremos ser dignos de la gloria y del honor con los cuales envistió la persona humana “Quién fue como nosotros para nosotros”, nuestro Creados, hacer todo lo posible para que cese el últimamente más engreído comportamiento humillante para la persona humana.   

Seguimos sorprendidos por el repetido continuamente “drama de Belén”. Porque se trata de un drama y no de un evento jubiloso, visto que viene ignorado el recostado en un pesebre, el Hijo y Verbo de Dios, y su creatura, el hombre, no viene considerada como “imagen de Dios”.

Nuestra Santa Iglesia Ortodoxa y su teología enseñan que el hombre y el cuerpo humano son dignos de todo respeto, porque han sido unidos con Dios en el Señor encarnado. Entonces, debemos todos unir nuestros esfuerzos para que sea respetado por todos el supremo valor de la persona humana. 

Con mucho sentimiento de corazón y tristeza profunda el Patriarcado Ecuménico y nuestra Humildad seguimos estas olas de violencia y brutalidad que día por día se agrandan, y que continúan castigando varias regiones de nuestro planeta, y especialmente en Medio Oriente y sobre todo los autóctonos de allí cristianos, a menudo en el nombre de la religión. No cesamos jamás a proclamar desde este Sagrado Centro de la Ortodoxia hacia a todos, los hermanos Primados de las Iglesias Ortodoxas y de las otras Iglesias Cristianas, los representantes de las Religiones, los jefes de Estados y cada hombre de buena voluntad, y especialmente hacia a los, que bajo incitaciones o sin poner su propia vida en peligro para cortar vidas humanas, también ellos hijos de Dios, y hacia todas partes, que no puede existir ninguna forma de verdadera y autentica religiosidad y espiritualidad sin amor hacia la persona humana. Cualquier formación ideológica, social o religiosa que ignora el hombre creado a imagen de Dios y enseña o permite la muerte de nuestro prójimo, ciertamente ninguna relación tine que haber con el Dios del amor.

Girando, hermanos e hijos, nuestros ojos a la situación existente hoy en el mundo apartamos nuestra faz de estos dolorosos eventos de odio y enemistad, que devastan la humanidad y llegan con los modernos medios de comunicación general más fácilmente a nuestras orejas y ojos provocando terror por los tremendos hechos que llegan, y proponemos como antídoto fuerte a la violencia moderna “la extrema pobreza” de Dios que sorprendió a los magos y al mundo, que efectúa siempre como amor. Esta es la fuerza secreta de Dios, la fuerza secreta de la Iglesia Ortodoxa, la fuerza secreta de la estirpe de los cristianos. La fuerza que vence y supera a través del amor cada tipo de violencia y maldad.

Así valoramos durante la Navidad de este año la situación de la humanidad, y deseamos a todos vivir la alegría del respeto absoluto de la dignidad de la persona, del prójimo y el cese de toda forma de violencia, la victoria sobre la cual, a través el amor, propone y ofrece el encarnado “Gran Ángel de Voluntad”, “el Rey de la Paz”, Cristo nuestro Salvador.

De Él, el nacido y encarnado Señor de la gloria, de la paz y del amor, La Gracia, la Misericordia y la Bondad infinitas sean con todos.

Fanar, Santa Navidad de 2014

       	† el Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé,
	ferviente intercesor antes Dios de todos vosotros.

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+BARTOLOMÉ
POR LA MISERICORDIA DE DIOS
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
A TODA LA PLENITUD DE LA IGLESIA
GRACIA Y PAZ DE NUESTRO SEÑOR Y SALVADOR JESUCRISTO
Y DE NOSOTROS ORACIÓN, BENDICIÓN Y PERDÓN

“Comienza la etapa de las virtudes. Venid, los que queráis participar”. (Oficio del Domingo del Perdón).

Nuestro Señor Jesucristo nos injerta en Su cuerpo y nos llama a ser santos "como yo", dice, "soy santo" (1Ped. 1:16). Nuestro Creador desea que tengamos comunión con Él y disfrutar su gracia, a participar es decir en su santidad. La comunión con Dios es una vida de arrepentimiento y de santidad, y el alejamiento de la misma, el pecado, es identificado por los Padres de la Iglesia como la "maldad del corazón." El "pecado no es de la naturaleza, sino de la mala intención" (Teodoreto de Ciro, Diálogo A- immutabilis, PG 83, 40D) y del mal espíritu y "nadie peca profesando la fe”, según el teóforo Ignacio.
La santidad es propiedad del Señor, que es “el que ofrece y el que recibe, el dador y el divulgador". El oficiante por la gracia del Sacramento de la Eucaristía ofrece a los fieles “los santos dones a los santos”, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y recibe enseguida de parte de la plenitud de los ortodoxos la respuesta de la ofrenda que “un solo santo, un solo Señor, Jesucristo, a la gloria de Dios Padre ", el “siempre consumido y nunca desgastado, que santifica a los participantes".   
En la lucha humana para conseguir la “semejanza” con Dios, por el cual fue creado, es decir la santidad, tiene como objetivo exclusivamente la salvación del hombre, la Una, Santa, Católica y Apostólica Ortodoxa Iglesia "debidamente proclamó" un período del año como tiempo de especial oración y súplica, para apaciguar los sufrimientos del alma y el cuerpo.
Este período que comienza mañana es la preparación salvadora para la "Pascua grande de Cristo." Es la Santa Gran Cuaresma, que debemos vivir “rezando y solicitando perdón "para degustar verdaderamente la Pascua" con todos los santos ", al convertirnos en “santos” por la confesión ante Dios y los hombres que somos “piezas de barro” "aplastados por el mal todos los días, “caídos y resucitados”. Confesemos pues nuestra imperfección humana y debilidad y nuestra nulidad delante de Dios, arrepentidos y repitiendo mañana y noche, al mediodía, todo el tiempo y a todas horas, a pesar de ser “santos” a través del bautismo, “un solo santo, un solo Señor, Jesucristo, a la gloria de Dios Padre”.
 
Llamamos, pues, a todos los fieles ortodoxos, clérigos, monjes y monjas, hermanos e hijos, a transformar nuestra vida, siempre por cierto, sobre todo durante este período de la Santa y Gran Cuaresma, en amor hacia el prójimo e intento de preparación para la participación más impresionante desde aquí en adelante en el reino sin ocaso del Señor, la "nueva Pascua". Invitamos a todos los que viven en santidad y lucha espiritual para que sea regalada a la gente y a nosotros como "una dosis benevolente" y "una donación perfecta" la posibilidad de superar el pecado, porque "todo aquel que es nacido de Dios no comete pecado [..] y no puede pecar aquel que nace de Dios "(1 Jn. 3: 9-10).

Entremos, pues, con toda nuestra alma, no con mal humor sino con alegría y gozo, en esta etapa de las virtudes espirituales y  armados " del brillo del amor, el resplandor de la oración,  la pureza de la castidad, la fuerza del valor," y acompañemos al  Señor, suplicando para que no se "malogre la distancia que nos separa de Él" (Gloria de la Cruz), pero nuestro reclamo, “como llegar este mundo radiantes en el santo día resplandeciente y perpetuo de la Resurrección" (oficio del Lunes de la 1ª semana de Cuaresma).

Hermanos e hijos en Cristo,

La Cuaresma es un tiempo de preparación y voz de arrepentimiento de nuestra conciencia, la cual, interior y inexpresable, es nuestro juicio personal. Cuando nos encuentra fallando protesta intensamente, porque “no hay nada más pesado en este mundo”, según el predicador de la experiencia de arrepentimiento San Andrés de Creta. Por lo tanto, se debe apaciguar la conciencia de cada uno, a través del arrepentimiento,  para que “quemando la conciencia  ofrezcamos una plenitud mística", sacrificando nuestras pasiones y ofreciéndolas en amor y sacrificio por el prójimo, como el Señor mismo para "un mundo de vida y salvación ". Sólo entonces se levantará por nosotros de la tumba y pediremos perdón y viviremos como  humanos en el respeto mutuo y en amor lejos de ellos que vemos durante estos días de horrendos crímenes que afectan a toda la humanidad. En esta lucha  tenemos como aliados y  embajadores a todos los santos, e incluso la Santa Madre de nuestro Señor,  que a través de sus súplicas es otro depurador "lavado de conciencia."

Por lo tanto, animo y ruego, como Padre espiritual, a nuestros fieles ortodoxos en el mundo  y a todos los demás a actuar en conciencia a partir de mañana que comienza el período de virtudes, "no pensar sin fundamento, y no actuar delictivamente", pero avanzar en Gracia para limpiar las  conciencias "opinión benevolente" a través del arrepentimiento, teniendo la certeza de que los cielos y la tierra y todo lo "visible e invisible" se tranquilicen bajo la luz de la Resurrección del Señor.

Nosotros estamos, "ante las puertas del templo del Señor", si nos comportamos dignamente y nos vestimos la luminosa túnica de imitación de Cristo y para ser dignos de la nueva “identidad “que proviene de  la Fuente de la inmortalidad, degustando la alegría de la dichosa tumba del Señor y reuniéndonos en la Iglesia "hasta lo más alto del lugar de sacrificio". Dios lo quiera.

Santa y Gran Cuaresma 2015
+Bartolomé de Constantinopla
Ferviente intercesor ante Dios por todos vosotros

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+BARTOLOMÉ
POR LA GRACIA DE DIOS 
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA GRACIA, PAZ Y MISERICORDIA
DE CRISTO RESUCITADO GLORIOSAMENTE


Hermanos concelebrantes e hijos amados en el Señor:

¡Cristo ha resucitado!
Todos los creyentes ortodoxos que celebramos este año con alegría la resurrección de nuestro Señor Jesucristo cantando: "celebramos la mortificación de la muerte, la liberación del infierno, las primicias de la vida eterna y con regocijo alabamos la Causa" (Tropario del Canon de la Resurrección).
Y mientras nosotros celebramos con alegría la Resurrección del Señor, como un hecho de la vida y la esperanza, a nuestro alrededor, en el mundo, escuchamos los gritos y amenazas de muerte, que disparan desde muchos puntos de la tierra aquellos que creen que pueden resolver las diferencias entre las personas asesinando a sus contrarios, hecho por lo cual demuestran la mayor prueba de su debilidad. Porque, al causar la muerte de otras personas, mediante la búsqueda de venganza contra el otro, el diferente, el mundo no se mejora, ni se resuelven los problemas de la gente. Es, de hecho, reconocido, sobre todo por las personas normales, que el mal se vence por el bien y nunca por el mal.
Los problemas se resuelven por el reconocimiento del precio del valor de la persona y el respeto a sus derechos. Y viceversa, de todos los problemas de las clases creadas y exacerbadas por despreciar a la persona humana y pisotear sus derechos, sobre todo a los débiles, que deben ser capaces de sentirse seguros y los fuertes justos para que haya paz.
Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y ha demostrado de esta manera que la debilidad de la muerte prevalece y trae variación constante en el mundo. Las situaciones creadas a través de la muerte son reversibles, ya que, a pesar de las apariencias, es temporal, no tiene raíz ni vitalidad, mientras que Cristo es invisiblemente presente siempre derrotando la muerte.

Nosotros, los que tenemos esperanza en Él, creemos que el derecho a la vida pertenece a toda la gente. La Vida y Resurrección ofrecidas por Jesús, que pisoteó la muerte por el pueblo, y sólo en Él y Su enseñanza debe esperar el hombre. La fe en Cristo nos lleva a la Resurrección, a la resurrección de todos nosotros, la fe y la ejecución de la enseñanza en nuestra vida conducen a la salvación de todos nosotros, y también al enfrentamiento de nuestros problemas en el mundo.
Hermanos e hijos:
El mensaje de la Resurrección, la superación de esta debilidad humana es la predicación de la vida contra el desgaste del mundo y de aventuras humanas, y convocamos desde el Patriarcado Ecuménico, nosotros, por la gracia de Dios, Primado en verdad del amor ortodoxo, a cada hombre a reconocer y hacer posible, sintiendo que sólo a través de él se vuelve a "la esperanza robada" por la confusión humana.
Que la luz de la Resurrección ilumine los corazones de todos con amor, paz y concordia en el Hijo y Verbo de Dios, que es la luz del mundo, la Verdad y la Vida.
Al Señor de la gloria Resucitado de entre los muertos, al que domina la vida y conquista la muerte, al que vive por los siglos, y regala la vida a los que yacen en las tumbas sean la gloria y honor y agradecimiento. Amén.
 Fanar, Santa Pascua, 2015
   † Bartolomé de Constantinopla