Patriarcado Ecuménico de Constantinopla

ARZOBISPADO ORTODOXO DE ESPAÑA Y PORTUGAL

 

                

Nota biográfica de Su Eminencia el Metropolita

 

Su Eminencia el Metropolita de España y Portugal, Exarca del Mar Mediterráneo, Monseñor Policarpo (nombre civil Panayiotis Stavrópoulos), nació el 15 de octubre de 1963 en Lepanto, Etolia, Grecia donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Se graduó con matrícula de honor  en la Escuela de Teología de la Universidad de Atenas (1986), cumplió el servicio militar como suboficial teólogo (1986-1988), después, gracias a una beca eclesiástica hizo un posgraduado de dos años en el departamento de Historia Eclesiástica del Instituto Pontificio de Estudios Orientales de la Universidad Gregoriana  de Roma (1988-1990).

             Fue ordenado diácono el 15 de enero de 1990 en la Iglesia Patriarcal de San Jorge en Constantinopla por su Mentor el  Metropolita de Calcedonia, y ahora Patriarca Ecuménico, Bartolomeo. Al día siguiente, el 16 de enero, y en la misma Iglesia, fue ordenado sacerdote por el Metropolita de Lepanto y San Blas, ahora Metropolita de Mantinea y Cinuria, Monseñor Alejandro, habiendo sido elevado a Archimandrita  el mismo día por el mismo Jerarca que le ordenó diácono. Sirvió como capellán de la ilustre e histórica “Hermandad de San Nicolás y de la Iglesia de San Jorge de los Griegos Ortodoxos en Venecia” (1990-2007) y como Vicario General del recién fundado Arzobispado de Italia y Malta (1992-2007), ocupándose de la organización, consolidación y desarrollo de dicho Arzobispado en toda la Península Itálica, sus Islas y Malta. En paralelo era Rector de las Parroquias fundadas por él mismo, Padua (1990-2007), Ferrara (1990-1999), Parma (1994-1999) y Perugia (1992-2003). Actuaba como Abad de los Monasterios del Venerable Juan el Segador de Calabria (1994-1997) y de San Jorge de las Nobles Monjas Griegas en Venecia (1992-2007) y Vicepresidente del Consejo Metropolitano y de todas las comisiones del Arzobispado. En el año 1998  tomó posesión del cargo de Archimandrita del Trono Ecuménico. Representó a la Madre Iglesia en varias misiones, reuniones y congresos, y en cinco ocasiones formó parte de la Representación Patriarcal en la Fiesta Patronal de la Iglesia de  Roma.

             El 30 de abril de 2007, a propuesta de Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomeo, fue elegido por unanimidad por el Santo Sínodo segundo Metropolita del recién fundado Arzobispado de España y Portugal, sucesor del primer Metropolita, Monseñor Epifanio, quien ha sido trasladado por razones de salud al Arzobispado de Brioula. Su ordenación al Episcopado se celebró el 6 de mayo 2007, Domingo de la Mujer Samaritana, en la Iglesia Patriarcal de San Jorge, oficiada por Su Santidad el Patriarca Ecuménico. El 16 de junio 2007 fue entronizado en la Santa Iglesia Catedral de los Santos Andrés y Demetrio en Madrid. El Metropolita da conferencias y charlas, escribe artículos, y además del griego, su lengua materna, conoce el italiano,  el francés y el español.

 

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Su Eminencia Rvdma. Policarpo

Metropolita de España

y Portugal  y Exarca del Mar Mediterráneo

 

Presidente de la Asamblea  Episcopal Ortodoxa de España    y Portugal

Emblema del Patriarcado Ecuménico

 

HOMILÍA DE LA ENTRONIZACIÓN DE SU EMINENCIA EL METROPOLITA DE ESPAÑA Y PORTUGAL POLICARPO

(Madrid 16 de Junio 2007)

 

Eminentísimo Representante de S.S el Patriarca Ecuménico, Metropolita de Austria y Exarca de Hungría y Europa Central, Monseñor Mijaíl; Eminentísimos y Excelentísimos Jerarcas; Excelentísimos Sres. Embajadores; Reverendísimos Padres y Hermanos en Cristo; Honorables dirigentes de nuestras Comunidades; Queridos amigos; querida familia que habéis acudido para compartir conmigo esta gran alegría; Cristianos piadosos y queridos hijos en el Señor:

Subiendo "con debilidad, con miedo y con mucho temblor" (1 Cor. 2: 3) los peldaños del Trono Arzobispal del Sacro Arzobispado Ortodoxo de España y Portugal, "gloria a la santa y consubstancial y vivificante e indivisible Trinidad" dirijo las palabras y con San Juan Crisóstomo exclamo y digo: "Gloria a Dios, por todo lo que nos ha dado".

Después de Dios, mi pensamiento no puede más que dirigirse hacia el venerable Centro de toda la Diáspora griega y de la Ortodoxia entera, nuestro Patriarcado Ecuménico, para, ante el Santo Trono Ecuménico al que maravillosamente ocupa desde hace más de 15 años Bartolomeo I, depositar los sentimientos de gratitud y dedicación que llenan mí alma y mi corazón por S.S. el Patriarca Ecuménico Bartolomeo, mi Mentor, quien en el Fanar me ordenó Diácono y luego Obispo-Metropolita, y también por Su Santo Sínodo, que por su benévola resolución y su decisión favorable hacia mi humilde persona, me eligieron como Metropolita de España y Portugal y Exarca del Mar Mediterráneo.

La presencia eminente, de honor y emotiva entre nosotros, como es la del Representante especial de S.S. el Patriarca Ecuménico y de nuestra Madre Gran Iglesia de Cristo (de Constantinopla), del distinguido y notable Jerarca del Trono Ecuménico, S. Em. el Metropolita Mihail de Austria, honra particularmente a mí humildad y acentúa los perdurables vínculos entre el respetable Centro del Fanar y sus Eparquías con todos los fieles ortodoxos que a ellas pertenecen.

Esto es por lo que estoy muy agradecido así como por el valioso regalo por parte de la Iglesia Madre y por las palabras paternales de fortalecimiento que me honran, de S. Em. el Representante Patriarcal, palabras que aprecio y acepto como un deposito sagrado, como esencia de un afecto y sincera amistad de muchos años. Teniendo en cuenta que la voz del Metropolita de Austria, en este momento sagrado, es la voz del Fanar, de nuestro Patriarcado Ecuménico, esta Arca guardada por Dios, de nuestro Pueblo piadoso, por medio de la cual nos hemos salvado a través de los siglos y con la ayuda de Dios continuamos existiendo como Iglesia y Pueblo.

Con mi elección, la buena disposición y confianza mostrada por la Madre Iglesia hacia mi humildad constituye para mi un alto honor y distinción, y al mismo tiempo un llamamiento para emprender nuevos deberes, grandes responsabilidades y altas obligaciones a las que nos podemos enfrentar solamente a través de la sumisión a la voz de S.S. el Patriarca y Superior mío, que hoy me dice: "Hijo, vete a trabajar a mi viña" (Mt. 21,28), y por medio de la dedicación absoluta a los mandamientos del Trono Ecuménico.

Es para mi un honor dirigir un respetuoso saludo hacia S.M. el Rey Juan Carlos y hacia S.M. la Reina Sofía así como hacia su Heredero el Príncipe Felipe y toda la Familia Real. Expreso también sinceros sentimientos de afecto hacia el piadoso y noble Pueblo Español. Con los mismos sentimientos de honor y afecto saludo a las Autoridades Civiles de Portugal y a su Pueblo piadoso y amigo del progreso. Considero a mi persona feliz y privilegiada, porque estoy llamado por la Madre Iglesia a servir a estos dos Países nobles y civilizados, como son España y Portugal. Rezando cada día en nuestras plegarias hacia el Señor "Por esta ciudad y por este País ", es decir España y Portugal, rezamos y deseamos que el Señor dirija los pasos de sus Autoridades en toda Obra buena y que al los Pueblos Español y Portugués conceda Paz, Concordia y Prosperidad.

Aprovecho esta ocasión para insistir que no considero a mi persona extraña a estos territorios de la Península Ibérica. Especialmente con España me unen cuatro hechos:

                              1.      La relación de este País con mi lugar de nacimiento, Nafpacto, conocido como Lepanto, por medio de la renombrada Batalla del mismo nombre del 7 de Octubre de 1571, dado que el Jefe de la Fuerzas Cristianas unidas era el príncipe español D. Juan y la participación española en ella ha sido muy significativa. Los trofeos de la batalla se guardan hoy en la Armería del Palacio Real de Madrid. En esta Batalla participó, como simple soldado, el famosísimo escritor español, Cervantes, conocido por su monumental obra "Don Quijote" y cuya estatua adorna el puerto de Lepanto.

                              2.     En la ciudad donde he servido como clérigo durante 17 años, la Serenísima República Veneciana de San Marco, trabajó en el periodo entre 1566 y 1568 y seguramente participaría en los oficios celebrados en la bellísima iglesia de San Jorge de los Griegos, el gran compatriota mío y orgullo de España, Doménico Theotokópoulos conocido internacionalmente como El Greco.

                          3. La nación donde he vivido durante 19 años –2 en Roma como becario posgraduado de la Santa Sede y 17 en Venecia como clérigo ortodoxo­- Italia, y sobre todo la región llamada la “Magna Grecia”, durante muchos siglos de habla griega, y Fe Ortodoxa, conocida posteriormente como Reino de Dos Sicilias o de Nápoles, tiene relación estrecha e inmediata con la celebre casa Real de Los Borbones, ya que bajo su corona ha vivido durante siglos la Italia del Sur.

                           4. La feliz coincidencia que S.M. la Reina de esta noble Nación y, desde hoy oficialmente también Reina mía, Sofía, se relaciona sólidamente con  Grecia.

En este momento sagrado, recuerdo con emoción, respeto y honor a mi respetable Predecesor, Su Eminencia el Metropolita de Brioula Epifanio, agradeciéndole por todo lo que ha luchado y conseguido a favor de este recién fundado Arzobispado. Pido su bendición paternal, y con agradecimiento y afecto le deseo humildemente que tenga una larga vida con salud, prosperidad y fuerza espiritual y física.

Con emoción dirijo mi pensamiento hacia el Metropolita, el Clero y el bendito Rebaño del Arzobispado de Italia y especialmente a la histórica y gloriosa Comunidad de los Ortodoxos Griegos de Venecia donde he pasado 17 años de mi misión sacerdotal. Deseo a S. Em. el Metropolita Genadio de Italia, que Dios le conceda muchos años así como a todos los fieles y especialmente a la Comunidad Ortodoxa Griega de Venecia, que está hoy representada aquí, a su Vice-presidente D. Nicolás Barkas, que les conceda abundantes bienes. También tengo en el recuerdo, con agradecimiento las otras tres históricas fundaciones de nuestra Nación en Italia, la Hermandad Griega Ortodoxa de Nápoles, la Comunidad Griego Ortodoxa de Trieste y el Instituto Griego de Venecia.

Dirijo sinceros y cálidos agradecimientos a todos los venerables Jerarcas, queridos hermanos en Cristo, a los Eminentísimos Metropolítas de Mantinea y Kinuria Alejandro, de Veria y Náusa Pantaleón, de Lepanto y San Blas Hieroteo, y de Rodas  Cirilo, a los Excelentísimos Obispos de Sinope Atenágoras y de Telmisós  Ilarión, así como a los hermanos Clérigos, a mis queridísimas hermanas de sangre con sus respectivas familias, a mis queridos parientes, a mis selectos amigos de Grecia, Italia, Constantinopla y América, los cuales siempre  dispuestos, me honran y me apoyan con su cariño.

Especialmente me conmueve la presencia de Su Eminencia el Metropolita de Mantinea y Kinuria, de cuyas venerables manos recibí en Constantinopla el segundo grado del sacerdocio, a quien de todo corazón agradezco por sus benévolos sentimientos, así como del Pastor de mi ciudad natal, de Lepanto, y en su persona saludo a todos los Lepantinos, representados aquí hoy por el ilustrísimo Sr. Alcalde de Lepanto Atanasio Papathanasiou.

Con especial honor saludo a los Embajadores de Grecia en Madrid el Excmo. Sr. Georgios Gabrielides, y en Lisboa, el Excmo. Sr. Spiridón Theoharopoulos, cuya presencia subraya los lazos históricos y tradicionales entre la Iglesia y la Nación, y también entre la diáspora griega y la Madre Patria. Estimo profundamente la presencia de los demás Embajadores de los Estados Ortodoxos así como los miembros del Cuerpo Diplomático, en particular, la Embajadora de la Isla martirizada de Chipre, S.E. Rea Yordamlis.        

Expreso un saludo de honor y mí agradecimiento a la Dirección General de asuntos religiosos del Ministerio de Justicia de España aquí representado por su Vicedirector D. Joaquín Martínez Gijón y también a la Fundación de Pluralismo y Convivencia, representado por su Director D. José María Contreras. También agradezco por su representación a las Fuerzas Armadas Españolas y al Ayuntamiento de Madrid.

Agradezco al Excelentísimo Obispo de Telmissos Ilaríon, Obispo Auxiliar de nuestro Arzobispado que presta sus servicios en Portugal, al Vicario Arzobispal, Reverendísimo Arcipreste Dimitri Tsiamparlís, y al Presidente de la Comunidad Griega Ortodoxa de Madrid, Sr. Nikolaos Poliziadis, por los saludos de parte del Clero y de los fieles.

Debo expresar mis agradecimientos a la Fundación "Mundo en Armonía" de S.A.R. la Princesa Irene, a la Sra. Ioanna N. Vardinoyannis y a su marido, D. Antonio Fournier Conde, al Patronato de la Iglesia nuestra de Madrid, a la familia Lasa-Georgas y los exponentes viejos de nuestra Comunidad en Madrid: las Familias Orfanides, Koronis y Catris por su apoyo hacia nuestra Sacra Archidiócesis la más joven del Trono Ecuménico en Europa. Tengo mucha fe y esperanza en mis hermanos clérigos, en los responsables de nuestras Comunidades des y e los sentimientos tos amistosos de mi rebaño. Estimo el esfuerzo de todos, conozco y comprendo los problemas y las dificultades, considero segura la atenta y sin límite cooperación y el apoyo de todos hacia un mayor servicio a nuestros fieles ortodoxos en España y Portugal, a los sectores eclesiástico, pastoral, social y cultural.

Dirijo un saludo cariñoso hacia las distintas asociaciones culturales griegas y otras asociaciones ortodoxas en Madrid, Barcelona, Lisboa, y en otras ciudades de España y Portugal, las cuales contribuyen de distintas maneras a la proyección del Helenismo y de la Ortodoxia, bajo el concepto y significado ecuménico de estos, en la Península Ibérica y sus Islas.

Con los sentimientos de un sincero, honrado y fraternal amor me dirijo a los hermanos y amigos de la Iglesia Católica Romana y de las demás Iglesias y Confesiones cristianas. Saludo particularmente la presencia entre nosotros de S.E. Monseñor Fidel Herráez Vega, Obispo Auxiliar y Vicario General del Arzobispado de Madrid. Procedente de Italia, viví la necesidad de la existencia de un espíritu de sincero amor y entendimiento entre nuestras Iglesias hermanas. Viniendo ahora a dos países, ambos romano-católicos, España y Portugal, considero mi experiencia ecuménica de Italia como un valioso recurso para mi contribución aquí en España y Portugal, al cultivo y a la promoción del movimiento ecuménico para la recuperación de unidad cristiana dentro de las líneas y del espíritu del Patriarcado Ecuménico.

Con mucha emoción recuerdo a mis difuntos progenitores, Dimitrios y Antonía, cuyas almas gozan de alegría hoy en los cielos. Que sus bendiciones me acompañen siempre dondequiera que vaya, y que su memoria sea eterna.

Ahora dirijo la palabra hacia el Pueblo Ortodoxo de Dios, al muy querido rebaño de este Santo Arzobispado. Con mucho cariño me dirijo a nuestro piadoso rebaño aquí en Madrid y sus alrededores, también en Barcelona con la activa comunidad griega, en Valencia, Málaga, Lisboa, Oporto y otras ciudades e islas de  España y Portugal. Desde este cargo o deseo subrayar y reconfirmar que me siento orgulloso y feliz del gran potencial de los clérigos y los fieles del Santo Arzobispado. Vosotros sois desde hoy mi gloria y mi orgullo.

Conozco la variedad étnica de mi Rebaño, y la considero una riqueza espiritual y un enriquecimiento social, que pone de manifiesto la realidad de que, la Ortodoxia en general y nuestro Patriarcado Ecuménico en particular, no admiten ni permiten ninguna distinción étnica. Por tanto, nuestro Patriarcado, como Madre Iglesia de todos, congrega a todos los Ortodoxos creyentes en Cristo "como la gallina cobija a sus polluelos" (Mt 23,37). Los fieles greco-parlantes llevan muchas décadas aquí en la Península Ibérica y forman una parte integral de la Diáspora Helénica destacándose, dentro de la comunidad local, en todos los sectores, con devoción a la Fe de nuestros Padres y a las Tradiciones de nuestra Iglesia y Pueblo.

Lo mismo vale para nuestros fieles ortodoxos que provienen en una mayoría considerable de Ucrania y de la Península Balcánica, que han venido a España y a Portugal tras las recientes reestructuraciones en Europa Oriental para buscar una calidad de vida mejor, conservando siempre con de su identidad nacional y su particularidad eclesiástica. Con vuestro propio esfuerzo y sudor habéis logrado convertiros de invitados en conciudadanos de vuestros anfitriones. Con vuestro valor, vuestra presencia y vuestro testimonio habéis contribuido a que el Sacro Arzobispado de España y Portugal constituya, con el paso del tiempo, una expresión y manifestación de la Ortodoxia digna de respeto, consideración y un serio portador del espíritu de nuestro Patriarcado Ecuménico.

 

En este día solemne de mi Entronización, deseo asegurarles que con la ayuda de Dios y Vuestro apoyo cumpliré con temor de Dios y celo mi obra, centrando mi atención particularmente en los siguientes puntos importantes:

1. El servicio del pueblo de Dios con la fundación en toda España y Portugal de nuevas parroquias y la ordenación de nuevos sacerdotes.

2. El estrechamiento de las relaciones entre el Arzobispo y los sacerdotes, así como entre la Archidiócesis y los fieles para afrontar con más eficacia los problemas comunes y para coordinar el Testimonio común Ortodoxo. .

3. La realización de todo el esfuerzo posible para conseguir un 'espíritu Ortodoxo puro dentro del espíritu de secularización que distingue a la sociedad actual. .

4. La salvaguardia de la vida espiritual, eclesiástica, sacramental y cultural de nuestros fieles con el fin de que se mantengan en la fe Ortodoxa y las tradiciones de sus Padres.

5. El cultivo de las relaciones, en el marco del espíritu y de la línea del Patriarcado Ecuménico, con los hermanos de las otras iglesias cristianas y de otras confesiones, así como con el Judaísmo y con el Islam, para promover el espíritu ecuménico y el diálogo, y así conseguir la coexistencia pacífica de todas las personas de buena voluntad.

6. Conseguir los fondos económicos para afrontar las múltiples necesidades del Sacro Arzobispado.

 

 Para los que conocen la situación existente en el Santo Arzobispado de España y Portugal, es decir, la falta de clérigos, y sobre todo, los recursos necesarios, quizás mis anteriores reflexiones y mis disposiciones sean consideradas como nobles deseos, altas aspiraciones o ambiciones. El sentido de estas carencias, sin embargo, no debe llevar a una indiferencia fatalista, sino al contrario, a la movilización de todas las fuerzas a favor de la Iglesia. Además, teniendo en la mente las palabras de San Pablo: "...mi poder se perfecciona en la debilidad' (2 Cor.12: 9), en este momento tan importante, invito y ruego que reunamos todos nuestras fuerzas para mantener y aumentar una viva expresión eclesiástica Ortodoxa que honrará y proyectará nuestra identidad de cristianos Ortodoxos de la Península Ibérica.

 

¡Eminentísimo Representante del Patriarca, Metropolita de Austria!

Una vez más agradezco a Vuestra honorable y amiga Eminencia por su presencia y sus buenos sentimientos y palabras, le ruego que trasmita a Su Santidad, el Patriarca Ecuménico Bartolomeo y al Santo Sínodo, los sentimientos de respeto, aprecio, dedicación y amor hacia nuestro Venerable Patriarcado Ecuménico de todos nosotros presentes en la Península Ibérica.

 

Hermanos míos, y queridísimos hijos en el Señor. "No vengo para ser servido, sino para servir" (Mt 20: 28). Estaré siempre a vuestro lado como el buen pastor cerca de su rebaño, dispuesto a servir a todos. Tened mi bendición; dadme vuestro amor. Os pido la plena entrega a la Verdad Ortodoxa. Ruego vuestra valiosa contribución y vuestro apoyo en mi difícil obra. "Yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aún yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas" (2 Cor. 12: 15).

Hermanos míos, "tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros" (2 Cor.13: 11). Amén.

 

ALOCUCIÓN DE SU EMINENCIA RVDMA. POLICARPO, METROPOLITA ORTODOXO DE ESPAÑA Y PORTUGAL,

DURANTE LA ORDENACIÓN EPISCOPAL Y  ENTRONIZACIÓN DE SU EXCELENCIA RVDMA. MONSEÑOR TIMOTEI,

OBISPO ORTODOXO RUMANO PARA ESPAÑA Y PORTUGAL

(Alcalá de Henares, Domingo de la Samaritana, 25.05.2008)

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Excelentísimo y Reverendísimo Hermano en Cristo, Monseñor Timotei, Hristos a înviat!

Hoy es Pentecostés para la Iglesia Ortodoxa, universal y local ibérica, porque, exactamente, cada ordenación episcopal, según la tradición litúrgica ortodoxa, es un Pentecostés.

La alegría y la emoción por esta ordenación episcopal aumentan porque se celebra el Domingo de la Samaritana. Cristo en su diálogo con la mujer Samaritana habla del agua de la vida eterna que Él posee. El pozo que contiene esta agua es la Iglesia y la tarea que tenemos como Pastores es dar al pueblo de esta agua: el agua de la salvación, que como dice un gran Padre de la Iglesia, San Cipriano de Cartago, “fuera de la Iglesia no hay salvación”. San Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla, dice que la Iglesia es un gran hospital y la diferencia con otros hospitales es que quién entra en el hospital de la Iglesia queda sanado, porque Cristo-Médico da el agua de la vida, al contrario de la vida eterna.

Este misterio de la vida eterna lo hemos vivido hoy en tu ordenación episcopal durante la Divina Liturgia del Domingo de la Samaritana.

Para mi es una feliz coincidencia, Excelentísimo Hermano, que también fuera yo ordenado el Domingo de la Samaritana en Constantinopla. Yo en Constantinopla, tú en Alcalá de Henares, el mismo misterio independientemente del lugar, como dice Cristo en el Evangelio de hoy.

Mi presencia en este importantísimo acto de toda la Iglesia Ortodoxa en la Península Ibérica y sus Islas tiene dos significados: primero, transmitirte a ti y a todo el clero y rebaño ortodoxo rumano los fraternales saludos, los deseos sinceros y la cordial felicitación de la Madre Iglesia del pueblo rumano, del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, de Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, así como las mías personales y del clero y pueblo de la Sacra Metrópolis Ortodoxa de España y Portugal. Todas ellas junto a las del Beatísimo Patriarca Daniel, de tu Eminentísimo Metropolita Josif, querido y venerado Hermano, conocido desde los tiempos de mi servicio sacerdotal en Italia y de los otros Hermanos en el episcopado presentes aquí. Te aseguro mi proximidad y mi colaboración fraterna para el bien de toda la Iglesia Ortodoxa en Iberia y de todos los fieles ortodoxos ibéricos independientemente de su origen étnico.

             Segundo, mostrar “a los nuestros y a los demás”, que la Ortodoxia es una, porque Cristo es uno y el pozo y el agua de la vida eterna es el mismo. No existe un pozo griego y otro rumano; uno ruso y otro serbio; uno ucraniano y otro búlgaro; europeo o africano; americano o asiático. Sólo hay un único y mismo pozo y una sola agua de la vida eterna. Esto vale, sobretodo, para aquella parte de la Iglesia Ortodoxa que se encuentra fuera de sus territorios eclesiásticos tradicionales, en nuestro caso, en España y Portugal, donde existe una masiva presencia ortodoxa y nuestros fieles trabajan duramente para la prosperidad de estos dos nobles y cultos países.

             Excelentísimo Hermano, tenemos un especial deber en el actual mundo occidental, aquejado, más que en Oriente, de la gran enfermedad de la secularización e indiferencia y de carestía espiritual. La Iglesia de Cristo posee el pozo y en colaboración con nuestros hermanos cristianos de Occidente, católicos y protestantes, saquemos para el mundo el agua de salvación de este pozo divino.

             Bienvenido, Excelentísimo Hermano, de la otra parte de los Pirineos. Te deseo un fructífero ejercicio pastoral y una vida llena de salud, prosperidad espiritual e iluminación de la Luz inextinguible del Vencedor de la muerte y la corrupción, Jesucristo gloriosamente resucitado, para el bien de toda la Iglesia Ortodoxa, de la cual, hoy, eres parte, oficialmente, como Obispo y Pastor.

             De parte de nuestra común Madre Iglesia, del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, recibe este encolpion símbolo del buen corazón que debe tener siempre el Pastor. Ἂξιος!

Χριστός Ἀνέστη! Христос воскресе! Hristos a înviat! ¡Cristo ha resucitado!

Εἰς πολλά ἒτη Δέσποτα! Ad multos annos!  La mulți ani!

 

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MENSAJE DE SU EMINENCIA RVDMA. EL METROPOLITA POLICARPO,

AL 32° ENCUENTRO ECUMÉNICO DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL

INTERCRISTIANA DE MONJES Y MONJAS (E.I.I.R.), CON EL TEMA:

“LA FUERZA DEL NOMBRE DE CRISTO, CORAZÓN DEL MUNDO”

(Monasterio de Sobrano – Santiago de Compostela, 12 – 18 Julio 2008)

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Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

             Mis primeras palabras están ensombrecidas por la pena al no poder cumplir mi deseo de estar con todos vosotros para, como Arzobispo Ortodoxo de España y Portugal, daros la bienvenida a este lugar santo, pero una virtud tan querida y observada en la vida monástica, como es la obediencia, me llama a otro lado.

             He calificado este lugar como santo por dos razones: la primera, porque para cumplir el mandato de Cristo de extender el Reino de los cielos hasta los confines de la tierra, por un hecho milagroso, el Apóstol Santiago quiso llevar el Evangelio, de una manera misteriosa, como Dios hace a veces, al Finis Terrae, a los confines de la tierra, instituyendo en la parte más occidental del mundo conocido una Sede Apostólica.

             La segunda razón es que por la corriente de piedad y veneración al sepulcro del Bienaventurado Apóstol se fue sembrando la tierra gallega de monasterios en los que, viviendo el cristianismo de una manera radical, se da gloria a Dios y se expande su Reino.

             En esa alabanza a Dios, y siguiendo la costumbre bíblica, se invoca el nombre de Jesús “ante quien toda rodilla se dobla en el cielo y en la tierra”. Hay en la Biblia una estrecha relación entre el nombre y la persona. Invocar el nombre de Dios es, de alguna manera, incorporarlo a uno mismo. Para San Pablo ya sabemos que el nombre de Jesús es superior a todo nombre y en el Pastor de Hermas leemos que “el nombre del Hijo de Dios sostiene el mundo entero”.

             Nuestro mundo contemporáneo ofrece más posibilidades humanas que nunca: la técnica, la ciencia, la información están al alcance de todos y, sin embargo, los suicidios, los estados depresivos, el consumo de ansiolíticos están a la orden del día. Estamos afectados por una enfermedad de vivir y una crisis de identidad. El mundo no encuentra respuesta a la muerte, las separaciones, la infidelidad, las rivalidades, la exclusión, la soledad y para escapar de estas situaciones recurre a medicinas de todo tipo en las que ponen todas sus esperanzas, en curas que mantienen la ilusión de la eterna juventud o en costosísimos tratamientos psiquiátricos con la prometeica pretensión de encontrarse con uno mismo. Para escapar de la lógica implacable de la civilización pragmática se recurre a sectas, al ocultismo, a la adivinación, donde se es explotado por charlatanes sin escrúpulos.

             Ocurre, sin embargo, que al corazón del mundo llega un mensaje, discreto y activo a la vez, que propone otra solución: el mensaje es “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Un camino que no es un código de leyes ni una moral. Una vida que, poco a poco, restablece la armonía de cada persona, no solamente con ella misma, sino con los demás hombres de todos los tiempos, de todos los lugares, con los más próximos y los más lejanos, con los que ya han desaparecido, con el mundo celeste, con Dios mismo.

             Una vida así ya se la plantearon hombres y mujeres hace una quincena de siglos. Monjes y monjas no se fueron a los desiertos para sufrir allí en busca de quimeras, ni siquiera para sacrificarse por la gloria de Dios, sino para reunir todas sus fuerzas en un solo fin: el amor y el servicio a Dios y al prójimo.

             ¡Qué lejos de la imagen habitual que se tiene sobre el monje como aquel que reniega del mundo y lo maldice para entregarse a un incesante tormento sin el menor sentimiento humano! Al contrario, el amor y el interés por toda la creación, esta manera de impregnarse del silencio y de la belleza del mundo, esa alma sonriente que brilla para todos los que pasan por un monasterio son la prueba elocuente de que es posible abordar el mundo, purificar su entorno y a sí mismo por la paz interior. Sobre un lecho de sedimentos de intolerancia y pecado se abren vastos espacios de belleza eterna.

             Se nos acusa a los monjes de no ser mejores que los demás. Por desgracia, no siempre es falso, a pesar de la sublimidad de la vida monástica. Nuestra finalidad es incorporar los hombres a Dios, hacerlos vencedores de la muerte y el sufrimiento, porque el Evangelio es la victoria sobre lo efímero, la invitación a asumir el mundo con libertad y no una terapia que nos hará escapar de las condiciones de nuestra naturaleza.

             El monacato no es un sistema de pensamiento, ni un suplemento del alma, ni una filosofía, ni un refugio de desesperados. Esencialmente es el aprendizaje de una libertad reencontrada, de una comunión fraterna que permite el descubrimiento de la personalidad de cada una, que favorece la curación progresiva de nuestra condición mortal.

             En el corazón del mundo, pero fuera de sus estructuras Dios suscita un estado de vida donde se realiza la función divino-humana del profetismo. Contrariamente a lo que dicen sus detractores los monjes no son personajes conservadores e integristas, porque, antes que nada, son testigos del futuro, un organismo profético que, en el seno de la Iglesia, muestra cómo será el mundo por venir.

             Esa actitud profética la alcanza el monje y todo hombre con la oración cuyo primer fruto es el arrepentimiento. Sabemos por los Evangelios que el arrepentimiento y la conversión son la condición primera para la fe y la salvación. Con este espíritu es como la plegaria puede obtener sus frutos, porque la fuerza y la presencia de Cristo por invocación de su santo Nombre no es algo mecánico: es la respuesta del propio Jesús al grito que sale del corazón sediento de Dios.

             Deseando un buen y fructífero éxito en los trabajos de este importantísimo Encuentro y asegurándoos mi unión espiritual con todos vosotros os saludo cordialmente con mis mejores sentimientos fraternales.

 

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